José Martí y la ciencia cubana hoy, una conmemoración postergada pero no olvidada
Cada 15 de enero se festeja en Cuba el Día de la Ciencia Cubana. Fue instituido en 1990, al cumplirse el trigésimo aniversario de esta afirmación del Comandante en Jefe Fidel Castro: “El futuro de nuestra patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, tiene que ser un futuro de hombres de pensamiento, porque precisamente es lo que más estamos sembrando, lo que más estamos sembrando son oportunidades a la inteligencia”. La misma tuvo lugar el 15 de enero de 1960, durante el discurso pronunciado por la celebración del vigésimo aniversario de la Sociedad Espeleológica de Cuba. Este aserto, casi en los albores del proceso revolucionario, cuando aún no se había iniciado la Campaña de Alfabetización, da la medida de la importancia y el protagonismo que se le otorgó al quehacer científico en nuestro país desde los momentos aurorales del proceso revolucionario, y explica por sí sola los logros crecientes en ese terreno.
Este año el jubileo por la ciencia se pospuso por razones de fuerza mayor: todos fuimos testigos y partícipes directos del homenaje a los hermanos caídos en la defensa de Venezuela, que es lo mismo que decir en la defensa de toda Nuestra América. Y ese amor nuestro por el conocimiento, por la investigación, nos convoca a reunirnos aquí hoy, en este salón que lleva con orgullo el simbólico nombre de Bolívar, bajo el auspicio del legado martiano, y a la vez que realizamos nuestro balance científico del 2025, compartiremos saberes y resultados en el ambiente de diálogo del grupo de trabajo José Martí: pensamiento y acción.
“¿Para qué, sino para poner paz entre los hombres, han de ser los adelantos de la ciencia?”
En momentos tan difíciles para la historia de Cuba, con la Humanidad abocada al peligro real de una guerra de proporciones planetarias y la consiguiente desaparición de la especie humana, el pensamiento de José Martí, nos convoca de manera perentoria a considerar el papel de las ciencias hoy.
Muy difundida es esta frase suya, de enorme valor en el sentido exacto, aun citada fuera de contexto: “¿Para qué, sino para poner paz entre los hombres, han de ser los adelantos de la ciencia?”[1] Ese es el bien supremo que necesita la Humanidad hoy, y es sin duda alguna, el más escaso y el más urgente garante del resto de la actividad humana y de las mínimas condiciones para la vida.
Al ir a la página de donde procede la cita, resulta aún más interesante, porque se estaba refiriendo a los resultados de un censo en los Estados Unidos, reputado por su seriedad, y que fue impugnado duramente en un congreso de Sociología, que él llama de la ciencia social, como era usual en la época. Veamos el modo en que se refiere al asunto, y sus sugerencias respecto al destino que deben tener los resultados y datos de tal censo, los cuales debían ser veraces y exactos, para que de su análisis y contrastación se derivaran soluciones a problemas de la vida cotidiana, y al logro de una mayor justicia social:
[…] el congreso de ciencia social, reunido para tratar de cuanto atañe a su averiguación y mejora: de reformar las leyes de modo que concuerden con el país a que se aplican: de dirigir la educación de manera que prepare a los hombres para vivir sin ahogo en la patria en que nacieron: de inquirir la verdad sobre las relaciones entre el capital y el trabajo, que urge saber cómo realmente sean, para que los abusos de aquél y las ilusiones de éste no tengan al país, como hoy lo tienen, alarmado e inquieto”.[2]
Estas concepciones de Martí respecto a ese hecho concreto, resultan válidas para labrar el futuro de cualquier pueblo, y sus recomendaciones sobre el rigor científico y el sentido ético que debe presidir toda investigación son de una actualidad y utilidad plenas. Demuestran cuán consciente era de la necesidad de proteger la relación entre la academia y los decisores políticos, de manera que esos saberes se revirtieran en beneficio de toda la sociedad, y no quedaran encerrados en un gabinete de trabajo para conocimiento de una élite científica.
Otra de sus inquietudes fue la de la divulgación científica, pues la ciencia no debía ser coto privado de sectores privilegiados. El conocimiento general sobre sus particularidades y aportes debía estar al alcance del mayor número posible de ciudadanos, y de ese modo intervenir de manera eficaz en los procesos educativos y en la formación de un pensamiento crítico. En las Escenas norteamericanas encontramos referencia frecuente a científicos, obras de ingeniería, adelantos de la técnica, y hasta verdaderos ensayos en torno a los temas más diversos, que pueden ir desde la vacuna contra el cólera, los descubrimientos de Darwin y Pasteur, los inventos de Edison, o los aportes a la termoenergética del ingeniero sueco–estadounidense John Ericsson.
Además, alentó constantemente la aparición de publicaciones dedicadas a este asunto, y en sus años al frente de La América, de Nueva York, fue pródigo en este sentido. De esa época, referido al libro Las leyes de la herencia, de W. K Brooks, es esta afirmación: “Poner la ciencia en lengua diaria: he ahí un gran bien que pocos hacen”.[3]
Nos corresponde a nosotros hoy, representantes de las ciencias sociales y humanísticas, continuar poniendo “en lengua diaria”, por todas las vías posibles, nuestros resultados de investigación, con la certeza de su utilidad para la construcción de una patria mejor. Martí está en el centro de la guerra cultural contemporánea, es un ícono en disputa y no sólo se pretende ocultar la actualidad y la esencia revolucionaria de su pensamiento, también atacar y desacreditar su figura desde el punto de vista ético.
El acercamiento interdisciplinario a la obra de Martí que se hace desde este Centro, propicia una producción de saberes que no se restringe al ámbito académico sino que se revierte a nivel social a través de nuestras acciones de promoción. Se trata no solo de publicar nuestros resultados en forma de libros digitales o impresos, sino de llegar por la vía de la docencia a la preparación de maestros y profesores, y al amparo de nuestros convenios con el MINED a las escuelas de la comunidad, con las que existe una colaboración sistemática.
“Martí está en el centro de la guerra cultural contemporánea, es un ícono en disputa y no sólo se pretende ocultar la actualidad y la esencia revolucionaria de su pensamiento, también atacar y desacreditar su figura desde el punto de vista ético”.
Entre los muchos retos que debe enfrentar la institución actualmente se encuentran continuar fortaleciendo el equipo; mantener y actualizar nuestro trabajo con las dinámicas de las nuevas tecnologías; continuar priorizando la labor de investigación, fomentar los estudios de doctorado y maestría entre el personal joven e incentivar la colaboración y la difusión internacional de la obra de Martí como uno de los pilares del pensamiento universal.
Urge continuar indagando en la historia de los Estados Unidos: estudiar momentos específicos desde la mirada de Martí, como la Guerra de Secesión, que ayudan a entender la dinámica interna de ese país hoy, ya casi al borde de una guerra civil. No nos cansemos de bucear en los textos relativos a la Conferencia Panamericana (1889), y la Conferencia Monetaria (1891), que tienen lecciones de antiimperialismo, patriotismo, ética y sobre todo del arte de hacer política para el aquí y el ahora, desde la belleza inigualable del verbo poético.
En días complicados como los que estamos viviendo, donde las campañas mediáticas y las noticias falsas están a la orden del día, quiero compartir con los presentes este fragmento de una de sus cartas a Gonzalo de Quesada relacionadas con la Conferencia Panamericana:
Ahora le hablaré de lo que nos toca más de cerca que nuestras mismas personas: de lo de nuestra tierra. Hay marea alta en todas estas cosas de anexión, y se ha llegado a enviar a La Discusión de La Habana, desde Washington, una correspondencia sobre una visita a Blaine, en favor de la anexión, en que la dan por prometida por Blaine, y al calce están mis iníciales: ¡y en Cuba creen los náufragos, que se asen de todo, que es mía la carta, a pesar de que es una especie de anti-vindicación, y que yo estoy en tratos con Blaine, y los demás que en Cuba puede suponerse de que los revolucionarios de los E. Unidos anden en arreglos con el gobierno norteamericano!: hasta ofertas de agencias he recibido de personas de respeto, como primer resultado de esta superchería.[4]
De esa propia carta es esta lacerante afirmación, que salvando las distancias epocales, es una alerta para el presente y una guía para nuestro quehacer diario: “Para que la Isla sea norteamericana no necesitamos hacer ningún esfuerzo, porque, si no aprovechamos el poco tiempo que nos queda para impedir que lo sea, por su propia descomposición vendrá a serlo. Eso espera este país, y a eso debemos oponemos nosotros”. [5]
“En momentos en que el fascismo y la barbarie resurgen con nuevos bríos (…) la cultura en el sentido más amplio del término, es el antídoto para la lucha contra el odio, la violencia y el belicismo”.
Ello explica por sí solo su sufrimiento, en ese “invierno de angustias”, como afirmó en el prólogo a sus Versos sencillos, salidas de tantos dolores y amarguras, y remanso de belleza en tiempos oscuros.
En momentos en que el fascismo y la barbarie resurgen con nuevos bríos, en que la amenaza cierta sobre Cuba y Nuestra América es un hecho tangible, la ciencia, o lo que es lo mismo, la cultura en el sentido más amplio del término, es el antídoto para la lucha contra el odio, la violencia y el belicismo. Solo desde la ciencia, y repito, desde la cultura, podemos fomentar el pensamiento crítico, la capacidad de diálogo, la firmeza ética, el patriotismo, y consolidar la voluntad de trabajo y la búsqueda de vías alternativas para legar a las futuras generaciones un país, y por qué no, una Humanidad, más estable, segura y pacífica. No perdamos de vista el horizonte utópico, tal y como alguna vez lo pensó y expresó Martí, y que con luces y sombras es una realidad en la Cuba contemporánea, pues toda obra humana es perfectible:
¡Ah, Cuba, futura universidad americana!: la baña el mar de penetrante azul: la tierra oreada y calurosa cría la mente a la vez clara y activa: la hermosura de la naturaleza atrae y retiene al hombre enamorado: sus hijos, nutridos con la cultura universitaria y práctica del mundo, hablan con elegancia y piensan con majestad, en una tierra donde se enlazarán mañana las tres civilizaciones.[6]
De nosotros, de nuestra voluntad y capacidad de obrar con inteligencia, firmeza y unidad, depende que así continúe siendo.
Notas:
[1] “Postrimerías del verano. Principales sucesos”. La Nación. Buenos Aires, octubre 16 de 1887. Nueva York, septiembre 4 de 1887. OC. 11:292.
[2] ________________________
[3] “Las leyes de la herencia”. La América. Nueva York, enero de 1884. OC, t. 13, p.425.
[4] JM: Carta a Gonzalo de Quesada, 29 de octubre de 1889, OC, t. 1, p. 248-249.
[5] Ibídem, p. 249.
[6] “Albertini y Cervantes”. Patria. Nueva York, mayo 21 de 1892. OC. t. 4, p. 413.

