Mecanismos (y anti-mecanismos) para crear, creer y coexistir
Desde el principio de los tiempos, el ser humano necesitó determinadas estructuras que le permitieran no solo entender el mundo, sino “comprenderse” dentro de las dinámicas que estas propias estructuras creaban y afianzaban. Así mecanismos sociales, religiosos, políticos… comenzaron a estandarizar y jerarquizar la vida. El lenguaje —pues era necesario un sistema común de signos y símbolos para que estas funcionaran— abrió las puertas a algoritmos, normas, procedimientos… y a las instituciones. Crear, creer y coexistir, exposición de Liz Maily González Hernández y Juan José Ricardo Peña (Jota) inaugurada en las recientes Romerías de Mayo y abierta al público en la Sala Pequeña del Centro Provincial de Arte de Holguín, es una cartografía de las estructuras que nos rigen.
La historia de la civilización es justamente la historia de los mecanismos sociales. Estos sostienen un orden simbólico dominante y aunque en tiempos de globalización, hiperconectividad y bajo la ya pálida sombra de la “aldea global” de McLuhan, poseen variaciones en dependencia de los sistemas políticos, religiosos y/o culturales, mantienen idéntica esencia porque parten, justamente, de aquellas primeras estructuras básicas. Las obras de Liz Maily y Juan José se inscriben, a la par que lo cuestionan, en un orden del que están conscientes, pues saben que hemos firmado un viejo «contrato social». Siendo parte de las mismas maquinarias que impugnan —instrumentos que no han dejado de regir las normas con que se ha levantado y dinamitado, incluso, la tradición de las artes visuales en la que inscriben su trabajo— ambos artistas buscan “ilustrar”, desde sus perspectivas, la de dos jóvenes creadores nacidos y formados en la Cuba del siglo XXI, las jerarquías y los conflictos sociales que estructuran nuestra vida.
Entre la crítica y la reflexión, la muestra examina las estructuras simbólicas que organizan la sociedad y condicionan la experiencia humana.
Por tanto, es la Cuba del siglo XXI, con sus problemáticas, singularidades y matices, la que centra sus ideas, aunque los conceptos con los que trabajan, al ser universales, se desligan de las “alusiones identitarias” más inmediatas que sí preocuparon a generaciones anteriores. Ideología y poder, Estado y arte, familia y memoria. Esas son algunas de las coordenadas de esta exposición de Liz Maily y Juan José. En las piezas, mayormente instalativas, exploran ese “orden simbólico dominante”, por lo que encontramos cuestionamientos a la geopolítica y la emigración y su impacto en el ámbito familiar; a la escuela como mecanismo ideológico que resulta, asimismo, un espacio donde el Estado produce sujetos y categorías simbólicas como “ciudadano”, “trabajador” y “patriota”; a la transmutación del individuo en objeto utilitario y a la deshumanización como forma de producción en la contemporaneidad. Incluso les preocupa la naturaleza del discurso creativo y la parálisis institucional en las dinámicas artísticas.
Lo hacen no solo desde los códigos de la contemporaneidad digitalizada en que se desenvuelven, sino también volviendo a la tradición y la historia del arte: desde la Venus de Willendorf a los retratos funerarios de Fayum. A ellos les preocupa la vulnerabilidad y el agotamiento social y que esa “libertad” enarbolado acabe siendo el resultado de la asunción de normas que imponen estos mecanismos sociales. Liz Maily y Juan José nos hablan en sus obras de arte, ideas, motivaciones, ideologías, política, realidad y percepciones. Vuelven a Holguín para pedirnos crear, creer y coexistir (podríamos alternar el orden). La petición no es sencilla y nos dejará varias interrogantes. Sus mecanismos desde el principio —y ellos lo saben— han sido nuestros.







