Mi padre no pensaba en la muerte: mapa íntimo de familia
Mi padre no pensaba en la muerte, título de la poeta y ensayista Caridad Atencio y publicado por la Editorial Letras Cubanas en 2025 en versión digital, propone un mapa íntimo sobre la familia, la muerte desde la vida y los acontecimientos cotidianos que, en muchas ocasiones, llevan intrínsecos toda la poesía.
El poemario está dividido en dos partes: “Pero las cosas están en su esplendor” y “Una raíz enorme” y utiliza, desde el punto de vista formal, un verso breve, quizá buscando aludir a ese modo fragmentario de los recuerdos, a los breves “cortes” en los que se reconstruye el pasado desde el presente.

El padre en asociación con el trabajo, con la zafra y el machete es un retorno memorioso al pasado familiar, pero también a la historia del país, donde los centrales azucareros y el período de zafra se convirtieron en la vida de pueblos, comunidades y generaciones de familias completas; lugares donde la zafra y el central daban sentido a la cotidianidad. Así lo resume la autora:
Lo poco
o lo excelso
que mi padre
tuvo
en su plenitud
se lo debió
a la zafra. [1]
Asimismo, las referencias a la bandera, a la familia trastocada por las migraciones, y a un antes y después “del triunfo” en algunos poemas, marcan un parteaguas no solo a nivel de la memoria familiar, sino también a nivel social; en esa familia mayor que es Cuba antes del triunfo de la Revolución, y después de él.
Por otro lado, el tiempo, y su fluir implacable, es un hilo invisible sobre el que se sustenta la obra. Imágenes de infancia, la madre, la abuela, los tíos, el padre casi siempre como protagonista, las comidas, los viajes, los desayunos, el anillo como reliquia heredada por generaciones, dan fe de cómo el tiempo se poetiza en múltiples vidas, conectadas por el tronco común familiar. Ismaray Pozo, en la reseña de autor que da inicio al poemario, lo asegura:
“El padre, el real y el simbólico, metáfora de lo que nos protege y reprende; la familia; la madre; la dureza y del peso de la infancia trasquilada, muestran aquí también solo lo que un creador como ella sabe: escribir sobre eso que resulte inevitable, y que cada vida tiene una razón secreta”.

Otro elemento interesante en el cuaderno son las menciones al fuego y al resplandor, los cuales alcanzan en el libro matices simbólicos de pares recurrentes en la poesía: fuego-espíritu (su espíritu, /fuego que quema bordes); fuego-luz (Pero se extingue el fuego, / y tiene nueva forma./ No más testigo del desastre que la luz.); fuego-ceniza (Cómo las cosas/arden/ en su propio resplandor) y resplandor-alma (buscaba/el esplendor de su alma./). Tal presencia que ilumina y arde, a la vez que crea sombras y cenizas, encuentra puntos de contacto con el título Cosas que arden sobre el pasto, obra de Ragnar Wilfredo Robas, ganadora del Premio Calendario en 2024.
La autora, con una poética sólida, propone al lector hacer un ejercicio de remembranza en su más reciente título Mi padre no pensaba en la muerte. Sorprende con una obra que referencia a la muerte desde la vitalidad y no es hasta el antepenúltimo poema “No quería”, que la parca se hace tangible en toda su crudeza.
No quería
que se fueran
de mí
y del mundo
alejados
en una fría
sala
de hospital.
(…)
Atrapo
por un momento
el viento
y me entrego a él.
Perdí
a mi padre
así.
Y casi
lo llevé
porque
ya no comía.
A mi madre
mucho
la protegí
de aquella
fría
sala de hospital.
Tratamientos
y médicos,
hasta
que al fin
solo eran
como agua
que tomaba
y la seguían
dejando dormida,
dormida
hasta caer.
(…)
En síntesis, Mi padre no pensaba en la muerte es una obra de voz poética vigorosa que evoca el pasado para hallar lo inmutable. A través de la familia, la madre y la figura simbólica del padre, la poeta narra una infancia inevitable. Un regalo lírico que, como fuego de la razón, enfrenta certezas y misterios del alma humana.
Referencias
[1] Poema “Lo poco”, en Mi padre no pensaba en la muerte, Caridad Atencio. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2025, p.p. 28.

