Estudiamos aquí varios poemas de José Martí que no figuran en sus libros publicados, ni en las antologías más importantes del autor, pero que tienen un valor filológico indiscutible dentro de su obra. Nos anima el deseo de demostrar a través del análisis textual la validez expresiva y artística de dichas obras, sistematizar los conocimientos existentes referidos a este grupo de textos que hemos legitimado. Fundamentar el carácter profundamente transicional de los poemas de la muestra. Interpretar lo más representativo de dichos textos en tanto expresiones de la evolución del poeta. Evidenciar la importancia que en estos poemas cobran los procedimientos analógicos, describir los caminos que recorren desde la experimentación al esplendor. Al acometer el estudio de estos poemas el investigador enfrenta las siguientes dificultades:

Poemas sin fecha, y solo algunos con ubicaciones cronológicas tentativas.

Manuscritos no publicados por el autor.

Martí visto por Fariñas. Imagen: Tomada de Cubadebate

Evidentemente dichos rasgos impiden un mayor ajuste contextual en el presente trabajo. Dada esta condición, y sin soslayar ni por un momento la valía literaria de los poemas que legitimo, les llamaría textos de “experimentación”, de ejercitación de un estilo, de búsqueda. Algunos transitan a caballo de los Versos libres, y tienen como ese aire, pero el instinto analógico prueba sus múltiples vías, penetra versos en metro corto, se delinean o aíslan estrofas, recorre grados en su camino hacia la manifestación plena de una armonía cósmica. El hecho de que estos poemas hayan sido concebidos paralelamente a los “endecasílabos hirsutos” hace necesarios la lectura y estudio de los Versos libres, de los cuales se han desprendido comparaciones y semejanzas que sereflejan en el cuerpo del trabajo.

El poema “[El alma, como un ave, bate el ala]”, cuyo original está contenido en el “Cuaderno de Apuntes número 4”, ubicado tentativamente por Obras Completas de José Martí [1] entre 1878 y 1880, toma como fundamento para su consecución la recurrencia de lo propio en lo propio,[2] peculiaridad estilística de la poesía martiana que hasta ese momento se había manifestado solo a nivel de imagen. En este poema el recurso en cuestión es recreado plástica y metafóricamente y alcanza emergencias nuevas:

El alma como un ave, bate el ala: –
Presa en el cuerpo, picotea, azota,
Revuelve, clava, hiriente grito exhala
Y en la cárcel carnal su fuerza embota.

La cárcel, a los golpes, bambolea –
La carne, lastimada, se estremece –
Y el cuerpo, como un ebrio, titubea,
Y volar, y se abrir, y olear parece.[3]

Esa vecindad, esa prisión del alma en el cuerpo es imagen que atrae a Martí, ya sea como metáfora de fondo, o símil configurativo de otras imágenes.[4] Ada Teja sitúa este poema entre las imágenes de vuelo frustrado y recrea “el mismo núcleo ‘cárcel-volar’ que aparece en ‘Hala, hala’”.[5] En estos cuartetos endecasílabos encontramos el símil como corporeidad de la analogía, principio o procedimiento cada vez más frecuente en esta etapa de tanteos y búsquedas, y un palpable forcejeo entre forma y expresión: el contenido grave en la estrofa breve, aunque desgarrada. El bardo experimenta colocando a distancia, aunque a la vista, la majestad tempestuosa de sus Versos libres. Hurga nuevos caminos, tantea en el abismo. El afán de inmensidad del alma humana queda contenido en ese símil. Al final la solución no esperada en la estrofa —la respuesta anhelante del cuerpo— constituye un salto sorpresivo a lo aparencial, que parece buscar un nexo más profundo entre el tipo de estrofa y el contenido.

En esta muestra otros poemas constituidos de estrofas breves logran superar ese devaneo, tal es el caso del texto “Monte abajo”, de gran efectividad poética, organizado en el “Cuaderno de apuntes 4”:

Allá va, las entrañas encendidas,
La mole gemidora, –
Y esclava colosal, por hierros duros
Por selvas y por cráteres se lanza;-
Mas si torpe o rebelde el hierro olvida
Y de los rieles fuera altiva avanza,
Monte abajo desecha se abalanza. –
Del vapor del espíritu movida
Va así, por entre hierros, nuestra vida:
Si el camino vulgar audaz desdeña
Monte abajo quebrada se despeña.

En estos endecasílabos con presencia de un heptasílabo se hace referencia a la aridez que enfrenta una existencia singular, una vida original. Se compara “la mole gemidora”, el ferrocarril, con la vida humana.[6] Se emplea aquí lo que llamamos símil expandido: se particulariza en las esencias y manifestaciones de dicha mole, para casi al final, en tres versos, asumir la comparación con la existencia humana. Contemplamos así el símil como parte mayoritaria del poema, y cuestión esencial para la comprensión de su tesis. Tras la sutileza estilística de lo ético y el tono sentencioso —filosófico— presenciamos una vez más la abierta aplicación de lo analógico; el poeta dolorosamente percibe la armonía, el lazo, contempla la voluntad moldeada del eslabón (“los hilos, la juntura”), vincula los objetos y las almas,[7] ya no solo los elementos naturales y los humanos. Así, interponiendo realidades las complementa, las integra, llevando el mundo a otra dimensión. Aun el quebrantamiento de una armonía —la prisión del ferrocarril en sus rieles, la atadura de la vida humana a un destino vulgar—, de una libertad, permite la apreciación —la existencia— de otra armonía; la que se traza entre lo rebelde y refractario y lo original. Como vemos, Martí está apelando a grados más profundos de lo analógico. Experimenta y logra formas de convergencia entre las leyes naturales y las leyes sociales.

Martí aquí reflexiona sobre la relación entre la misión del poeta y su mundo, su vida personal —contemplación ética de su universo—. Todo orlado del anhelo de absolutos, que halla su base en los juegos antitéticos que se establecen dentro del poema.

La efectividad literaria en estrofas breves vuelve a aflorar en los textos “[Fuera del mundo…]” y “[Mas ¡ay de mí que en vano, en vano envío!]. El poema “[Mas ¡ay de mí! que en vano, en vano envío]”, contenido en el “Cuaderno de apuntes 10”, que tiene escrito “E. Unidos” en la primera página, es una octava real de aliento místico y resonancias autobiográficas:

Mas ¡ay de mí! que en vano, en vano envío
A la inhumana mi doliente acento!
Pender quise la sombra, atar al viento,
Seguir el humo y detener el río:
Y mientras lo imposible loco intento
Tengo en casa la vid medio podada
Y en el bosque la grey abandonada.

Martí aquí reflexiona sobre la relación entre la misión del poeta y su mundo, su vida personal —contemplación ética de su universo—. Todo orlado del anhelo de absolutos, que halla su base en los juegos antitéticos que se establecen dentro del poema a dos niveles:

1ro. A nivel de imagen, utilización de la antítesis como recurso estilístico en el marco del verso.

2do. Juego antitético que penetra o involucra al plano ideotemático: antítesis entre las dos realidades que plantea el poema: entre su aspiración a lo imposible y el abandono de sus deberes personales.

Ese desdén de lo personal en pro de una misión que intenta el bien del prójimo está contenido en la frase de Henry Ward Beecher (1813-1887), teólogo y predicador norteamericano, que Martí cita unas líneas antes en el propio cuaderno: “A benevolent being is centrifugal, and not centripetal”. Dicha relación entre la misión del poeta y su particular acción insatisfecha sobre el mundo vuelve a ser abordada en el texto “[¡Vivir en sí, qué espanto!]”, a nuestro entender uno de los de mejor factura dentro de la muestra seleccionada en “Versos varios”. El poema en cuestión “está escrito en el mismo papel y con iguales tinta y letra que dos borradores de Ismaelillo: “Valle lozano” y “Rosilla nueva”,[8] y constituye un texto agónico, de transición, de lucha, poseedor del tono de Versos libres, donde aún no acontece la muerte lastimera de la vida íntima. En esta silva vuelve a entronizarse el afán analógico, el goce nucleador:

¡Vivir en sí, qué espanto!
Salir de sí desea
El hombre, que en su seno no halla modo
De reposar, de renovar su vida,
En roerse a sí propia entretenida. –
La soledad ¡qué yugo!
Del aire viene al árbol alto el jugo
De la vasta, jovial naturaleza
Al cuerpo viene el ágil movimiento
Y al alma la anhelada fortaleza. –
Cambio es la vida! Vierten los humanos
De sí el fecundo amor: y luego vierte
La vida universal entre sus manos
Modo y poder de dominar la Muerte.

Es apreciable en los versos anteriores, además de “la tormenta que arrasa el pecho”[9] un flujo, un intercambio, una armonía con la naturaleza. “Estos versos (…) nos comunican el poder confortante de la Naturaleza, cuya vida incesante y armónica permite al hombre reemprender el camino hacia la contemplación de la analogía. La Naturaleza, en cuanto comunidad perfecta de vida, se lanza como modelo de conducta humana, como el magisterio moral más sabio para el hombre”.[10] Se expresa aquí el núcleo de sus preocupaciones existenciales, y quedan esbozados los elementos que integrarán más tarde el triángulo de desboque en la armonía martiana:

amor

vida / \ muerte. El amor suministra las fuerzas para encauzar la vida, y la forma de dominar a la muerte. Dichas ideas evidencian el fundamento dialéctico de su pensamiento. Percibe el encadenamiento, la transmisión, la mutabilidad. A la manera que la naturaleza vierte la vida, el hombre vierte; pero a continuación el poeta vinculará ese acto con su misión y su mundo íntimo:

Como locos corceles
En el cerebro del poeta vagan
Entre muertos y pálidos laureles,
Ansia de amor que su alma recia estragan,
De anhelo audaz de redimir repleto
Busca en el aire bueno a su ansia objeto
Y vive el triste, pálido y sombrío,
Como gigante fiero
A un poste atado,
Con la ración mezquina de un jilguero
Por mano de un verdugo alimentado. –

¡Fauces hambrienta y voraz, un alma amante!
Y aquí, enredado con sus hierros, rueda
Y el polvo muerde, el aire tasca y queda
Atado al poste el mísero gigante.

Como vemos, y ya hemos afirmado, no acontece aún la muerte lastimera de la vida íntima. Asistimos al enfrentamiento del hombre con un mundo que no logra derrotarlo pero que intensifica la dramaticidad de su vivir. La armonía, la analogía que se establece entre el hombre y la naturaleza se rompe en el pecho y en el cerebro del poeta, por su infinita ansia de amor, su anhelo de absolutos[11] —pervivencia de un elemento romántico— que no se puede revertir en bien del universo. Se advierte una armonía, pero aún el poeta, el hombre, no está preparado para discernir los eslabones que lo hacen a él también parte integrante y activa de ella —no solo elemento receptor—, los elementos que lo harán “callar y comprender”. Este es otro de los elementos que nos permite afirmar el carácter transicional de muchos de estos textos.[12] En la primera estrofa citada de “[¡Vivir en sí, qué espanto…]”, encontramos un recurso muy utilizado dentro de la poesía martiana, tanto en la poesía de formación como en la de madurez, las imágenes de recurrencia de lo propio en lo propio. En este caso provista de cierto expresionismo:

El hombre, que en su seno no halla el modo
De reposar, de renovar su vida,
En roerse a sí propio entretenida.

En el poema que analizamos, la “oposición espacial dentro / fuera” se manifiesta a través de ceñidos eslabones. Un elemento permite la existencia del otro. Aflora a través de ello nuevamente lo dialéctico. Encontramos además en dicha estrofa el esbozo de preocupaciones escriturales, la preocupación martiana por el acto de escritura, su finalidad, su altruismo.

En Martí, el amor suministra las fuerzas para encauzar la vida, y la forma de dominar a la muerte. Dichas ideas evidencian el fundamento dialéctico de su pensamiento.

Dichas preocupaciones y el bagaje que conlleva el acto de la escritura vuelven a ser tratados en el poema “[Pues a vivir a venimos…]”, cuyo manuscrito puede encontrarse en el “Cuaderno de apuntes 4”, fechado tentativamente entre 1878 y 1880. En el poema, provisto igualmente del tono de Versos libres, y de giros estilísticos que recuerdan a este libro martiano —pomposas subordinadas que complejizan la sintaxis y demoran la idea principal y conclusiva de la estrofa, remarcados hipérbaton, el encabalgamiento— se apela a un enaltecimiento del dolor,[13] con un preámbulo en el propio cuaderno que contextualiza al poema y que evidencia una vez más la savia ética del pensamiento martiano:

En esta tierra, no hay más que una salvación: -el sacrificio- No hay más que un bien seguro, que viene de sacrificarse: -la paz del alma. -Todas las desventuras comienzan en el instante en que, -disfrazado de razón humana, -el deseo obliga al hombre a separarse, -siquiera sea la desviación imperceptible, -del cumplimiento heroico del deber. -El martirio: he aquí la calma.

Como ya hemos insinuado, se esbozan elementos de su poética: se alude al tema del verso como fruto del dolor y como superación de él —al poder irradiador y fortificante del mismo—:[14] [15]

Pues a vivir venimos – y es la ofrenda
Esta existencia que los hombres hacen
A su final pureza – aunque el veneno
De un cruel amor la ardiente sangre encienda,
– Aunque a indómita bestia arnés echemos
De ricas piedras persas recamado, –
– Aunque de daga aguda el pecho sea
Con herida perenne traspasado –
Vengan daga, y corcel, y amor que mate: –
Eso es al fin vivir! –

El bardo, como un pájaro recoge
Pajas para su nido – de las voces
Que pueblan el silencio, de la triste
Vida común, en que las almas luchan
Como animadas perlas en los senos
Enclavadas de un monte lucharían.-

El tema anteriormente mencionado tiene gran resonancia dentro de la poesía de Martí. Como es apreciable en las dos estrofas del poema se establece un contraste. Los efluvios trascendentes del alma humana que el poeta percibe —ver la segunda estrofa— permiten la superación del universo cerrado del dolor —esbozado en la primera estrofa—. Se contempla la vida como lucha y ascensión, donde la poesía es el vehículo —la posibilidad— que no solo permite el triunfo sobre el dolor, sino también y sobre todo, la trascendencia del espíritu humano. Estos versos hacen “entrar en la poesía el hervor de lo diario”,[16] y la vinculación entre estas dos temáticas es novedosa para esta época.[17] El poeta nutre su obra del dolor, con él conforma su universo, como un pájaro, luchando por la vida como el más común de los humanos. Lo analógico aquí también se esboza, al igual que los afanes éticos, constantes dentro de la poesía de Martí.

Destaquemos, en estos versos, la muy expresa alusión a la triste vida común (no al vivir egregio o soberbio), donde el poeta hallará el tema central de su canto. Pero Martí… no se quedará nunca —ni como norma de su espíritu ni como destino de la poesía— en la seca y lastimera transcripción de las limitaciones… y por ello, en esos mismos versos, anota, en claro giro becqueriano, ese otro ámbito más proveedor que el poeta ha de explorar también: las voces que pueblan el silencio. Y esas voces apuntan al misterio, al secreto, y con su inefable elocuencia permiten entrever el sentido trascendente de nuestro común existir.[18]

Martí apela a la capacidad veedora, profética, mágica del poeta (esta cualidad muy unida al acicate que le brinda el dolor). La idea anteriormente expresada es fundamental en cualquier poética, especialmente en la martiana.

Martí hace coincidir la poesía con la vida, contemplando a ésta todavía desde la reflexión y el ángulo consustancial de la ironía. Lo que detectará entonces será lo que aquella, la vida, tiene de endeblez, dolor, tristeza, azar, derrota… Mas habría de repararse simultáneamente que, ni siquiera en esas caídas de desaliento… le es posible al poeta desatender los signos más alzados que también la existencia puede sorpresivamente brindar.[19]

Se contempla la vida como lucha y ascensión, donde la poesía es el vehículo —la posibilidad— que no solo permite el triunfo sobre el dolor, sino también y sobre todo, la trascendencia del espíritu humano.

Esta invocación a la vida, a la lucha, a la labor, vuelve a brotar en el poema “A un clasicista que habló de suicidarse”, texto sin fecha, ni ningún otro indicio —a no ser los elementos conformadores de la poética— que permita una aproximación cronológica. El poema está conformado por estancias, y su primera estrofa guarda estrecha relación estilística con las Coplas de Jorge Manrique.[20] Se destacan como recursos peculiares dentro del mismo el empleo de la plasticidad, en el plano expresivo, y el cuestionamiento ético-filosófico del principio de causalidad, en el plano ideotemático. Aquí vuelve a la idea, presente ya en sus poemas escritos en México y España, del ciclo de la culpa y el ciclo del castigo.[21] Para Martí, el que no ha sabido cumplir bien su misión en la tierra es castigado y sumergido en un padecimiento cíclico, sin final:

Avive el buen cristiano
El seso adormecido,
Ponga al hierro mortífero la mano,
Mas no a la sien insano
Sino a tierra en arado convertido.
[22]

Mírese por el suelo –
El vasto cráneo roto,
Tinto en sangre el pudoroso velo
De sus hijas, y al soto
El cuerpo echado, el alma opaca al cielo.

Y mire el reluciente
Señor, de ira vestido,
Y de luz de relámpagos, la frente
Nublar de oro encendido
Y cielo abajo echar al impaciente.

Y como desraigado
Roble del alto Erebo
Mírese por los vientos arrastrado
Y deshecho, y de nuevo
Por prófugo a la vida condenado.

Pues cómo en el remanso
Sabroso de la muerte
Derecho igual al plácido descanso
Tendrán el alma fuerte
Y la cobarde, el réprobo y el manso?

Luego de emitir su sentencia, la sentencia que ofrece el universo en su orden invisible, pareciera que Martí alberga aún un margen de duda, una duda que apenas se entrevé por el deseo rotundo del cumplimiento del castigo en el culpable: ¿Es igual el descanso para el cobarde y para el alma fuerte? “Aquí arranca la idea de que la muerte, como todo en Martí, ha de ser útil, arar, fructificar”.


Notas:

[1] José Martí. Obras Completas, Editorial Nacional, La Habana, 1963-1973.

[2] Las imágenes de recurrencia de lo propio en lo propio son imágenes de reincidencia interna, de preferencia por los movimientos íntimos, cáusticos, donde ocurre un desdoblamiento agónico del yo del poeta. Estas aparecen desde los poemas escritos en España, y se mantienen a lo largo de toda su poesía. Son manifestaciones de la lectura del cuerpo que constantemente encontramos en el discurso martiano. Ejemplo, de entre muchos: “Hoy sentí más el peso de mí mismo” de “Cartas de España” (1875). Por otra parte, el empleo de dicho recurso nos recuerda aquel verso de Rilke: “Bin ich in mir nicht mi GröBten?” —“¿No estoy en mí en lo más grande?—. Tanto en las imágenes de reincidencia utilizadas por Martí, como en este verso, la inconmensurabilidad, la grandeza del alma del poeta constatada en sí, se realza al tiempo que se pone en duda, en una duda que admite su deseo de volcarse en pro del hombre. Ver “Queja de muchacha” —“Mädchen Klage”—, Rainer María Rilke. Nuevos poemas, Edición Bilingüe. Hiperión, Madrid, 1991, p. 26.

[3] A propósito del poema, Ada Teja afirma que en Martí “la dicotomía cuerpo-espíritu es irreconciliable porque está asociada a la oposición moral corrupción-pureza”. La poesía de José Martí entre Naturaleza e Historia, Cozensa, Marra Editore, 1990, p. 116. (Todos los subrayados en los poemas son de la autora)

[4] En el poema “[La selva es honda] “de Versos libres, Martí, en un símil que atribuye a las raíces, exclama: “Y las raíces de su tronco esclavas, – / Como el espíritu al carnal arreo”. Poesía Completa. E. C. T. I., p. 138. Aquí la raíz es el alma, el espíritu. El cuerpo, como en el poema que analizamos, el tronco, el carnal arreo.

[5] Ada Teja. Ob. cit., p. 116.

[6] Curiosamente precede al poema en el cuaderno de apuntes un juicio de Martí que apela a un autor desconocido para nosotros, pero que parece estar relacionado con la esencia de “Monte Abajo”: “Mientras el hombre dure, la representación de la personalidad humana será lo que más le conmueva e interese”.

[7] El poeta remite aquí a su esencial idea magistralmente expresada: “Todo es música y razón”.

[8] Nota editorial. José Martí. Poesía Completa. Edición Crítica, T. II, p. 178

[9] Juan Marinello. José Martí. Ediciones Júcar, Madrid, 1972, p. 57.

[10] Carlos Javier Morales. La poética de José Martí y su contexto. Editorial Verbum, 1994, Madrid, p. 84.

[11] “Y esta sed de infinito representa para Martí la garantía más certera de la existencia de una vida celestial, donde el espíritu, superior a la materia, puede gozar en plenitud del amor puro que es la armonía en su estado más perfecto”. Carlos Javier Morales. Ob. cit. p. 84.

[12] Entiéndase que cuando me refiero al “carácter transicional” no estoy poniendo en tela de juicio la calidad literaria de estos poemas —elemento que me ha llevado a la agradable misión de comentarlos—, sino que estoy haciendo referencia a momentos discernibles en la evolución de su pensamiento.

[13] El dolor como cultivador de la virtud aparece también en otro poema de la muestra aquí estudiada. Nos referimos a “[Cual incensario roto]”, al que dedicaremos espacio más adelante en la presente investigación. Apréciense también las coincidencias que, en cuanto al tema del dolor, exhibe “[Pues a vivir venimos]” con el poema “Marzo” de Versos libres:

… De la desdicha / Más que de la ventura nace el verso. /

…no me duele / La mordida del hombre: más triunfante / Muestra el alma su luz por la hendidura

…El dolor es la fuerza: la hermosura / Perfecto es el dolor…

…el gozo / Corrompe el alma, – ¡Y el dolor la eleva! José Martí. Poesía Completa. E. C. T. I, pp. 132-133.

[14] Emilio de Armas en Un deslinde necesario: Versos libres y Flores del destierro. Editorial Arte y Literatura, 1978, La Habana, p. 165, afirma que el tema central del poema “Pues a vivir venimos” es la patria, la conciencia y exaltación del deber, el amor a la libertad y a “los pobres de la tierra” y “el odio a las tiranías”. Estimo excesiva la contextualización del poema por parte del estudioso referido. Aunque son innegables en el texto la apelación a la conciencia, al amor a la libertad y al deber vital, los elementos que distinguen o que erigen lo poético como tema son más visibles, más determinantes.

[15] El texto en cuestión exhibe coincidencias temáticas con el poema “Vida”, escrito por José Martí en 1875, durante su estancia en México. En ambos se aborda la vida como un proceso de lucha y ascensión.

[16] Fina García Marruz. “Los versos de Martí” en Temas Martianos, 1ra. serie, Biblioteca Nacional José Martí, La Habana, 1969, p. 244.

[17] Es decir, que en la segunda estrofa del texto citado irrumpe abruptamente el tema de la poesía en el seno de una idea ya en él recurrente para esta fecha: la vida como lucha y ascensión.

[18] José Olivio Jiménez. “Visión analógica y contrapunto irónico en la poesía de José Martí”. Separata de la Revista La Torre, año VI, no 21, Universidad de Puerto Rico, San Juan, sin año, p. 25.

[19] José Olivio Jiménez. Ob. cit. pp. 24-25.

[20] Coplas por la muerte de su padre. La estrofa en cuestión es la siguiente: “Recuerde el alma dormida / avive el seso y despierte / contemplando / cómo se pasa la vida, / cómo se viene la muerte / tan callando”. En Poesías. Jorge Manrique. La Habana. Editora del Consejo Nacional de Cultura, l963, p. 107. He creído más atinado hablar de influencia estilística que de “imitación de las coplas de pie quebrado de Jorge Manrique”, como afirma Andrés Iduarte en su Martí, escritor, p. 94, pues temáticamente ambos textos son antitéticos. La copla referida se solaza en la melancolía por la vida pasada. El texto de Martí es un texto que convoca a la lucha, a la obra.

[21] Esta idea del ciclo de la culpa y el ciclo del castigo se manifiesta también en sus Versos libres, veamos si no este ejemplo de “Yugo y Estrella”:

Pero el hombre que al buey sin pena imita / Buey vuelve a ser, y en apagado bruto / La escala universal de nuevo empieza… Como vemos, los poemas de Martí son tientos de equilibrio, manifestaciones de respeto a un orden universal preestablecido.

[22] Los versos subrayados se resumen en estos otros del poema “Flor de hielo”, incluido en Versos libres: Mas el taller de los creadores sea, / Oh muerte! de tus hambres reservado. O en aquellos del temprano texto “Ni la enamoro yo para esta vida” de 1875: “Adiós – Aquí me llaman / A la tierra, la vida y la faena”. En ambos fragmentos, como en el poema analizado, se revela la voluntad martiana de incidir en lo real.

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