Caminando piango piango, o un disco que pasea a Matanzas por el Caribe
Hay discos que se explican por su portada, otros por sus invitados, unos pocos por su sonido impecable. El cuarto álbum de la Orquesta Failde se explica, ante todo, por su título. Caminando piango piango suena a trabalenguas, a caricia africana filtrada por el habla callejera de Matanzas. ¿Qué significa? Ethiel Failde, director fundador y descendiente del creador del danzón, lo aclara con una honestidad que desarma: es una expresión de origen africano muy usada en Cuba, que condensa su filosofía de vida y trabajo. “Vamos poco a poco, sin creernos cosas, disfrutando el camino, creciendo junto a nuestro público”, explica. Ese estribillo, tomado del tema “Sigue ese camino” que Pedro Pablo Cruz compuso para la orquesta, es un guiño directo a la gente de Matanzas, esa que los vio nacer hace trece años y se siente con derecho a alabarlos o regañarlos. Porque la Failde, lo saben bien, es un poco de ellos. La sabiduría popular lo resume así: “si te apuras, no llegas”.
El disco funciona como un collage sonoro de su propia adolescencia musical —trece años, nada menos— y como un mapa afectivo de su ciudad. Predomina el danzón en sus múltiples rostros: instrumental clásico (esa estructura que el bailador experto reconoce al primer compás), cantado con poesía, incluso mestizado con mariachi en “La Llorona”, donde la charanga se encuentra con los metales de Jalisco en un abrazo que pocos se atreverían a coreografiar.
“La tradición quiso también romper su hilo histórico y la joven orquesta, sin prejuicios, pero con mucho talento, asumió otros géneros también sellados por una estética rica en diversidad e integralidad”.
Pero el viaje no se detiene ahí. Hay guaracha que se transforma en conga, sones de evolución timbera, citas rumberas que aparecen como viejos conocidos en una esquina cualquiera. Y una novedad que el público mexicano llevaba tiempo pidiéndoles: su primera incursión en la cumbia. No la colombiana pura —aclara Ethiel—, sino esa que México les devuelve después de décadas de mestizaje con son, mambo y chachachá. “Todo lo popular bailable y con sabor Caribe nos interesa”, sentencia el flautista. Y en el álbum se nota.
Como escribió Miguel Barnet en las notas discográficas —nominadas ellas mismas en los Premios Cubadisco 2026—: “La tradición quiso también romper su hilo histórico y la joven orquesta, sin prejuicios, pero con mucho talento, asumió otros géneros también sellados por una estética rica en diversidad e integralidad”. Barnet, que conoce el alma cubana como pocos, describe a esta agrupación como una de hechura sólida, profesional y performática, capaz de transitar entre la sonoridad de jazz band y la charanga sin perder su esencia.
Y es precisamente esa ductilidad la que permite que Caminando piango piango se parezca tanto a un concierto en directo porque La Failde no concibe el estudio como un laboratorio frío; es, siempre, una prolongación del escenario. Lo prueba la presencia de invitadas de lujo: Omara Portuondo dejando su huella inconfundible, Eugenia León aportando el aliento mexicano, Andy Montañez trayendo un poquito de Puerto Rico, y el “Danzón para la espera” grabado con Silvio Rodríguez.

La pieza arma la poesía del trovador sobre la estructura clásica del danzón, con dedicatorias especiales a Miguel Failde (el de 1879) y a Matanzas. Hay allí un momento íntimo para la emoción, una pausa en medio del frenesí.
Pero no se engañe el lector: este disco también se baila. Se baila con “Yiri Yiri Bom” —tema que compite por el premio al mejor sencillo en Cubadisco—, se baila con la rumba de esquina a esquina que escribieron para describirse, se baila con los sones que huelen a timba y al barrio matancero La Marina.
La Failde sabe vestir a sus músicos y a sus invitados a la medida: a veces con ternura, otras con un vendaval de trompetas y trombones. El resultado suena limpio, nítido, “acabadito de sacar del horno”, en palabras de su director. Ese es uno de sus empeños fundamentales: tomar la música tradicional o de raíz y vestirla con las mejores galas del siglo XXI. Por eso agradecen el trabajo de ingenieros multipremiados como Nacho Molino, Ana Laura Vilaregut y Alex Psaroudakis, responsables del apartado sonoro que ahora opta al galardón en Diseño de Sonido en Ambiente Controlado.
Antes de llegar aquí, el álbum —lanzado en mayo de 2025— ya había cosechado elogios nada modestos. Fue seleccionado entre los mejores discos del año por Le Monde (Francia) y el diario La Razón (México). Además, consiguió su tercera nominación al Grammy Latino en la categoría Mejor Álbum Tropical Tradicional. Ahora, en los Premios Cubadisco 2026, compite en cuatro apartados: Tradicional Variado, Diseño de Sonido en Ambiente Controlado, Notas discográficas (las del propio Barnet) y Sencillo por el mencionado “Yiri Yiri Bom”. Cuatro oportunidades para que una orquesta joven, nacida en Matanzas en 2012, siga demostrando que la tradición no es un museo sino un árbol que sigue echando ramas.

¿Cómo recomienda Ethiel Failde disfrutar este trabajo? Lo mismo sirve para bailar que para escuchar con atención. Se puede poner mirando el atardecer en Varadero o mientras se baja caminando de Simpson a La Marina. Pero hay una advertencia que los propios músicos asumen con orgullo: este disco tiene un defecto, y es que se proclama matancero sin complejos y además se regodea en ello.
“Perdónenlo, perdónennos, es que no sabemos ser de otra manera”, bromean. Pero no olviden que Matanzas es la ciudad que tiende puentes: puentes entre generaciones, entre pasado y presente, entre esa isla y el resto del mundo. Y este álbum, Caminando piango piango, es uno de esos puentes. Solo que aquí no se cruza corriendo. Se cruza despacio, paso a paso, saboreando cada compás porque, como bien enseña el refrán africano que le da título, si te apuras, no llegas. Y la Orquesta Failde ya ha llegado lejos. Pero todavía no ha terminado el camino.

