El humor es una llave que cierra la puerta del cuarto oscuro
Luc Descheemaeker (O-Sekoer) es un hombre afable, curioso, más elocuente con sus dibujos que con las palabras (y no solo porque tenga que mediar siempre la traducción). Su firma (O-Sekoer) es una transcripción fonética del término “au-secours”, socorro en castellano. Le pregunto la razón por la que firma así y responde que las personas se sienten amenazadas cuando llega un humorista, que puede ponerlos en ridículo. Maestro de dibujo en la enseñanza secundaria de su país, es un hombre de izquierda, reconocido por innumerables premios internacionales, entre ellos el Gran Premio de la I Bienal del Humor Político de La Habana —galardón que recibió ahora de manos de Alpidio Alonso, ministro cubano de Cultura, poco antes de inaugurarse una muestra de sus obras en la Sala Villena de la Uneac— a donde ha llegado como parte del jurado de la II Bienal, a pesar de las amenazas del imperialismo.

Las caricaturas son “imágenes de nuestro tiempo”. ¿Cuál es el tiempo que vivimos?, ¿cuál es el tiempo que busca reflejar en su obra?
Yo vivo en Bélgica. Vivo en otro tiempo que no es el de Cuba, el modo de vida es completamente diferente. Comienzo mi día revisando Internet para ver noticias, informaciones, y saber lo que está sucediendo en todo el mundo, es lo que me inspira para luego hacer caricaturas. La caricatura para mí también es periodismo. No es la profesión por la que recibo mis ingresos habituales y por lo tanto, me siento libre de hacer mi interpretación de todas las cosas que veo, dedico a veces cinco horas para realizar un trabajo, algunas son caricaturas de humor, otras tienen una connotación completamente política. No hago caricaturas políticas sobre mi país, nunca. Me interesan más las cosas que pasan en el mundo. Y hay muchos salones internacionales que están interesados en mi opinión sobre lo que sucede. El mundo se refleja en mis caricaturas a partir de mi manera de pensar y de ver las cosas.
Soy un fotógrafo, ando con mi cámara y tomo fotos que son como imágenes de sueños que quedan en mi cabeza, que es como una cámara oscura en la que vuelvo a ver todas esas imágenes. A veces volteo la imagen, la viro al revés, para encontrar la situación humorística que luego aparece en mis caricaturas.

¿Cree que la derecha tiene sentido del humor?
No sé, no tengo experiencias propias con ese tipo de pensamiento. Yo espero que sí, pero si tuvieran el mismo sentido de humor que yo, serían de izquierda.
¿Cuánto contribuyó la enseñanza en su crecimiento como artista?, ¿cómo se retroalimenta ahora que es un profesor jubilado?
Durante más de 40 años trabajé en una escuela secundaria, y cada año mostraba a los estudiantes mis caricaturas. A ellos les gustaba hablar de las ideas que aparecían en esos dibujos y descubrí que me servían como punto de partida para conversar sobre las situaciones representadas en ellos. Y esa posibilidad era muy importante para mí. Ahora tengo más tiempo para trabajar la caricatura y para intercambiar con las visiones que tienen otros caricaturistas en el mundo, y asistir a los festivales de humor gráfico. En ellos he encontrado otra vía de enriquecimiento para mi trabajo. Pero sigo extrañando esa relación que tenía con los jóvenes en el aula. Aunque las puertas del aula siempre permanecían abiertas y los estudiantes podían entrar y salir libremente, seguían acudiendo a mis clases. Eso me hacía sentir bien. El contacto con ellos continúa, porque en cualquier lugar a donde voy en Bélgica aparece alguien que dice “tú fuiste mi profesor”, eso resulta muy común, porque he enseñado a mucha gente. Incluso en Nepal, estaba montando en un bote y alguien me gritó a los lejos, “hey Luc!”, era un antiguo estudiante mío.

Hay quienes consideran que ya está en curso la III Guerra Mundial. ¿Es posible y necesario reír?
Son tiempos oscuros, malos para todos. La gente tiene la obligación de entender qué pasa en ese mundo oscuro, y lo hace a partir de la prensa. El humor gráfico tiene la posibilidad también de escanear toda esa oscuridad, expresar lo que uno piensa, encontrar el humor dentro de esas situaciones y entregárselo a la gente, no solo para que entienda mejor lo que pasa, sino para que encuentre una luz de nuevas posibilidades. El humor es una llave que cierra la puerta del cuarto oscuro.
En un mundo tan visual, tan performático, en el que las imágenes son sustituidas rápidamente, ¿todavía cree que un dibujo puede ser, como alguna vez dijo, “una escultura en la mente del espectador?
El mundo de Internet genera un tsunami enorme de imágenes. Pero el caricaturista se coloca en una especie de isla, a la que no deja entrar las olas, para poder crear algo nuevo. Todo comienza con el papel en blanco, esa es nuestra isla, y empieza con una idea.
¿Dibuja sobre el papel o se apoya en la tecnología?
Es una mezcla. Comienzo con un papel en blanco, en mi casa siempre hay papel, y yo paso horas leyendo sobre lo que pasa en el mundo. En la tarde digo, ya tengo una idea. Hago un boceto, le tomo una foto o lo escaneo y entonces empiezo a trabajarlo en photoshop en una tablet muy grande, en la que puedo dibujar los detalles con espacio y libertad. Busco más información, puedo utilizar montajes, y trabajar sobre ellos a mano alzada. Hago y rehago el mismo dibujo y después de tres o cuatro versiones, ya puede estar terminado. No es como la Inteligencia Artificial, es dedicación.

Ya que lo menciona, ¿la IA aporta a la creatividad del artista o la obstruye?, ¿es posible subordinar la IA a los requerimientos del verdadero arte?
Odio preguntarle al Chat GP3: “Mr. Chat GP3, estoy buscando una idea sobre tal situación”. Porque sí, me hace una lista de ideas. Pero eso no es humor, no es real, es nada. La IA no es humorística. No sabe nada de caricaturas. Piensa siempre en el estilo de Disney. No puede sentir el humor real. No conoce el humor que hace pensar. Porque el humorista siempre aspira a un humor con sabor a sátira. Y Chat GP3 no tiene idea de que eso existe.
Como jurado internacional de numerosos concursos y bienales, ¿cómo valora la salud del humor pensante en el mundo?
Los festivales reciben caricaturas de diferentes pueblos, de diferentes maneras de pensar, para que la gente pueda intercambiar sus ideas sobre un tema. Un buen festival es aquel que selecciona ideas diferentes de muchas partes del mundo. Un festival que solo reúne buenos chistes, no es un buen festival. No somos un circo, deberíamos ser una biblioteca.

¿Por qué viene a Cuba en momentos de tanta incertidumbre?, ¿qué opina de los caricaturistas cubanos?
Se siente la situación económica, todos me hablan de las dificultades que viven, en la calle, incluso aquí en el hotel. Están viviendo una situación excepcional. Espero regresar en un momento mejor, y visitar todo el país. Más días en Cuba podrían darme más información de la que tengo ahora. Mucha gente me decía, no vayas ahora a Cuba, pero me habían contado de la hospitalidad de los cubanos, de su organización. Me siento seguro. He visto caricaturistas aquí que tienen muy buena obra, algunos tan jóvenes como Moro que es un creador con muchísimas posibilidades, que va por un buen camino: tiene muy buenas manos, muy buenas ideas, y una inspiración que me recuerda a Rene Magritte.
Muchas gracias por su tiempo.

