Muchísimas gracias por la invitación y por permitirnos hablar de una tema tan importante y vigente como el de la formación del pensamiento antimperialista de Fidel Castro Ruz; un tema que me parece muy necesario, mucho más en la coyuntura actual, cuando el peligro real de una acción militar sobre Cuba está presente; además, en el caso particular nuestro, es en la defensa de la soberanía y del socialismo donde se encuentra nuestra única tabla de salvación contra el imperialismo, y para ello es imprescindible recurrir a Martí, a Fidel, y a lo mejor del pensamiento político y filosófico cubano.

En fechas recientes presencié un debate de posiciones contrarias sobre qué era realmente el imperialismo y su alcance, si este era aplicable solamente a una etapa superior del capitalismo o no. Aunque su concepto ha sido objeto de análisis por diversos estudiosos, entre los que habría que destacar a Kautsky, Hilferding, Rosa Luxemburgo o Lenin, existe el consenso de que se trata de un estadio superior del capitalismo y, por lo tanto, un concepto generalmente aplicable a la contemporaneidad.

“(…) será Lenin una de las fuentes principales del joven Fidel Castro. No debemos olvidar que antes del Moncada, Fidel organizó reuniones de estudio en una casa en Guanabo, donde se analizaban las ideas del marxismo (…)”.

En mi criterio, es Lenin quien, desde el campo teórico, mejor caracteriza al imperialismo en la primera mitad del siglo XX, con posiciones muy claras y radicales dentro de las propias filas marxistas, al oponerse incluso al “ultraimperialismo” que derivaba en “pacifista”, como planteaba Kautsky. Esto es importante, porque será Lenin una de las fuentes principales del joven Fidel Castro. No debemos olvidar que antes del Moncada, Fidel organizó reuniones de estudio en una casa en Guanabo, donde se analizaban las ideas del marxismo y, luego de la acción, entre las pertenencias de Abel Santamaría, las autoridades encontraron un tomo de las obras escogidas de Lenin.

Antes de referirnos al caso cubano, me gustaría abordar que las visiones sobre el imperialismo varían según las condiciones históricas concretas de cada nación. Para los argelinos, por ejemplo, y debido a su propio desarrollo histórico, la mayor amenaza inmediata probablemente no sea el imperialismo norteamericano, sino el francés; o, para los congoleses, el portugués. No es la misma visión la que se pueda tener del imperialismo en Cuba, que en Argentina o la India, porque las circunstancias de su evolución histórica no fueron las mismas, ni su relación con el imperialismo del mismo carácter.

La política de la Fruta Madura, abordada desde diversas publicaciones de la época, resulta ilustrativa del tratamiento que el naciente imperio le da a Cuba. Foto: Tomada de Internet

En el caso concreto de Cuba, desde el nacimiento de los Estados Unidos, sus padres fundadores muestran apetencias de extender sus fronteras y controlar también la Isla. Esta temprana pujanza no será la realidad en otras áreas del mundo, ni siquiera en todo el continente. Por lo tanto, la conformación en Cuba de un ser nacional con conciencia de nación estuvo siendo impugnada desde sus propios inicios por dos imperios: el español y el norteamericano, uno en declive y el otro en ascenso.

La política de la Fruta Madura resulta ilustrativa del tratamiento que el naciente imperio le da a Cuba; es tal vez una de las primeras políticas imperialistas de los Estados Unidos en el mundo, pues constituye un proyecto colonialista a largo plazo, con el que se pretende disputarle un territorio a una potencia europea.

Hacia el interior del país, la posición ante los Estados Unidos toma dos cauces: el de una admiración desmedida, que en algunos sectores involucionará hacia el anexionismo; y el de la resistencia político-cultural, que sin dejar de expresar una admiración legítima hacia los Estados Unidos como referente de modernidad, será decisiva en la consolidación de la autopercepción de la cubanidad.

Sin dejar de admirar lo mejor de la cultura norteamericana, un sector importante de la sociedad defiende la cubanidad ante la colonización y la globalización cultural. Foto: Tomada de la ACN

Esto llega hasta nuestro días, lo conversábamos antes de comenzar; en la Cuba de hoy, tanto en la emigración como en el país, tenemos personas deslumbradas por el desarrollo de los Estados Unidos, que reniegan de su condición de cubanos, que visten con banderas norteamericanas o que han abrazado la causa del neo anexionismo; y estamos los que, sin dejar de admirar lo mejor de la cultura norteamericana y sus adelantos científico-técnicos, defendemos la cubanidad ante la colonización y la globalización cultural, tanto en Cuba como en la diáspora.

Por eso, desde la primera mitad del siglo XIX y sobre todo para mediados de siglo —porque la información no viajaba a la misma velocidad de hoy— se llega a tener más claridad y conciencia de las verdaderas intenciones de los Estados Unidos hacia Cuba, y varios de los hombres de pensamiento más avanzado comienzan a percatarse y a denunciarlo. Por ejemplo, José de la Luz y Caballero escribe en sus aforismos: “Los Estados Unidos, una colmena que rinde mucha cera, pero ninguna miel”.

Cuando se analiza el proceso independentista cubano, en Guáimaro por ejemplo, vemos que varios de los patriotas son partidarios de un acercamiento hacia los Estados Unidos; pero ya para finales de 1869 y en lo sucesivo, casi todos los líderes independentistas se pronuncian en contra de la política de los Estados Unidos, como resultado del desdén hacia el proceso emancipador cubano, la negativa al reconocimiento de la beligerancia, la obstaculización a las expediciones armadas, el cinismo de la falsa neutralidad, el apoyo a España para que mantuviera el control sobre la Isla, así como resultado del proceso de radicalización política producto de la propia guerra.

Carlos Manuel de Céspedes, por ejemplo, le escribe el 24 de octubre de 1868 a William H. Seward, secretario de Estado de los Estados Unidos, informándole del inicio de la contienda y solicitándole su reconocimiento. Después de esta inicial, hasta abril de 1869, escribió al menos cuatro más al Gobierno en el mismo sentido. Nunca obtuvo respuesta ni reconocimiento de los representantes de la República en Armas. Este fue un tema analizado durante la Asamblea de Guáimaro, y cuál debía ser la postura del Gobierno revolucionario ante los Estados Unidos.

Varios patriotas reunidos en Guáimaro eran partidarios de un acercamiento hacia los Estados Unidos, pero luego se pronunciaron en contra como resultado del desdén hacia el proceso emancipador cubano. Foto: Tomada de Adelante

Céspedes comprende en un tiempo relativamente corto la esencia de la política de los Estados Unidos hacia Cuba, hasta su ruptura definitiva. En el verano de 1870 escribe con extraordinaria claridad a José Manuel Mestre:

“Por lo que respecta a los Estados Unidos tal vez estaré equivocado; pero en mi concepto su gobierno a lo que aspira es a apoderarse de Cuba sin complicaciones peligrosas para su nación y entretanto que no salga del dominio de España, siquiera sea para constituirse en poder independiente; este es el secreto de su política y mucho me temo que cuanto haga o proponga, sea para entretenernos y que no acudamos en busca de amigos más eficaces o desinteresados”.

Para finales de la centuria y antes del inicio de la Guerra Necesaria, vemos a Antonio Maceo, en julio de 1890, pronunciarse contundentemente en contra del anexionismo a los Estados Unidos, incluso manifestando que tal vez esa sería la única ocasión en la que pelearía al lado de la metrópoli. ¡Que visión más certera y que profundidad de pensamiento la de Antonio Maceo! ¿Cómo es posible situar a los Estados Unidos como el principal enemigo, cuando aún Cuba es colonia española?, ¿qué han comprendido Maceo y Martí que la mayoría de sus contemporáneos no?

Después del fin de la Guerra Grande, Maceo vivió en varios países de Centroamérica y el Caribe y también en los Estados Unidos, en una época de expansión por el continente de los monopolios norteamericanos y europeos. Maceo conoció de cerca la problemática campesina y la de los obreros asalariados, y creo que su experiencia en Panamá, meses antes de la mencionada visita a Cuba, fue vital. Ahí laboró junto con Máximo Gómez y varios veteranos en la construcción del Canal, y pudo ver de cerca la codicia de las potencias imperialistas, principalmente Estados Unidos, sobre tan privilegiada posición, que determinaron finalmente su separación de Colombia en noviembre de 1903.

Es José Martí nuestro mayor referente de antimperialismo en el siglo XIX. Desde su llegada a los Estados Unidos en enero de 1880 se va percatando de las “entrañas” políticas de esa nación, a la que finalmente llamó el “monstruo”. Su participación en la Primera Conferencia Internacional de Estados Americanos fue una experiencia capital para presenciar en la práctica las intenciones imperialistas de forjar un modelo panamericano atado a sus intereses, como después escribiría, donde “el águila temible apresaba en sus garras a los países de nuestra América”. En 1889, en medio de ese contexto, le escribe a Gonzalo de Quesada sus preocupaciones sobre el imperialismo:

Y una vez en Cuba los Estados Unidos ¿quién los saca de ella? Ni ¿por qué ha de quedar Cuba en América, como según este precedente quedaría, a manera —no del pueblo que es, propio y capaz—, sino como una nacionalidad artificial, creada por razones estratégicas? Base más segura quiero para mi pueblo. Ese plan, en sus resultados, sería un modo directo de anexión. Y su simple presentación lo es.

“Es José Martí nuestro mayor referente de antimperialismo en el siglo XIX”. Foto: Tomada de Cubadebate

Tan abrumado salió Martí de la Conferencia que escribió una de los poemarios más trascendentes de la tradición literaria cubana: Versos Sencillos. En su prólogo, el poeta se confiesa: “Mis amigos saben cómo se me salieron estos versos del corazón”, como resultado de “aquel invierno de angustia, aquel invierno de 1889 y 1890 en que se estaba desarrollando el Congreso de Washington, llamado también Conferencia Panamericana”.

Menciono estos ejemplos porque Fidel beberá de la historia y tendrá en las figuras más representativas de la independencia cubana sus referentes ideológicos y políticos; su formación antimperialista no surge por inspiración divina, sino como resultado de una amplia tradición antimperialista que se había venido fraguando en Cuba desde el siglo XIX.

Con la llegada del siglo XX, en la República no se cumple ese sueño de mármol de Martí. La genuflexión de los gobernantes republicanos determinó que la soberanía estuviera atada al imperialismo norteamericano mediante mecanismos de control. La Enmienda Platt, las intervenciones militares, los tratados de reciprocidad comercial, la cuota azucarera, entre otros, deformaron estructuralmente la República. Porque el imperialismo necesita de su periferia para poder sostenerse y lógicamente nosotros éramos parte de esa periferia.

Eso es lo que representamos para el imperialismo, eso es lo que pretenden lograr con nuestro país todavía en el siglo XXI, porque es un sueño ilusorio pensar que bajo el capitalismo Cuba será parte del epicentro de ese sistema, y si por alguna casualidad lo fuera, sería un error histórico colosal e imperdonable vivir como colonizadores de otros pueblos.

“(…) Fidel beberá de la historia y tendrá en las figuras más representativas de la independencia cubana sus referentes ideológicos y políticos (…)”.

Por eso yo defiendo que, en la coyuntura particular de Cuba, la defensa de la soberanía pasa por la defensa del socialismo. Eso lo comprendía muy bien Fidel, que reflexionó mucho sobre estos temas. Por eso en un momento tan crítico para la Patria, cuando se veía venir abajo el bloque socialista en Europa del Este y muchos renegaban de su militancia socialista, la postura de Fidel y del pueblo, que siempre lo ha acompañado, fue la de reafirmarlo y convertirlo en una disyuntiva; y el 1ro. de enero de 1989 dice por primera vez: ¡Socialismo o Muerte!

La realidad de dependencia al imperialismo cambia radicalmente con la llegada de la Revolución al poder, de ahí su importancia histórica y la de su principal líder en la historia del continente y del mundo. Es una Revolución esencialmente antimperialista.

Para hablar de la formación política de Fidel hay que ir a sus orígenes. Fidel nace en Birán, en una pequeña comunidad campestre, en la que considero que existe una especie de ecosistema social muy interesante, primero por la relativa cercanía con la segunda ciudad más importante del país, pero al mismo tiempo porque viven en relativo aislamiento social. En Birán estaban representadas las mismas clases que caracterizan a la sociedad cubana, pero se produce un resultado diferente a lo que ocurría en el resto del país.

Allí, por ejemplo, está la representación de los grandes monopolios extranjeros como la Miranda Sugar Company, empresa norteamericana dueña de varios centrales azucareros y de amplias extensiones de tierras en las inmediaciones; con las cuales, por cierto, Ángel Castro tiene negocios.

Vemos en el propio Ángel al emigrado español que se ha asentado en Cuba, que ha hecho familia, que ha prosperado y logrado cierta fortuna; también al campesino cubano, generalmente pobre y que vive en condición de aparcero, precarista o arrendatario y, por último, al emigrado haitiano, traído a Cuba durante la primera guerra mundial, en época de bonanza del azúcar, la conocida como de las “vacas gordas”.

“(…) es un sueño ilusorio pensar que bajo el capitalismo Cuba será parte del epicentro de ese sistema, y si por alguna casualidad lo fuera, sería un error histórico colosal e imperdonable vivir como colonizadores de otros pueblos”.

Por cierto, la relación de Fidel con Haití es muy cercana, no olvidemos que en los años 30 está viviendo en casa del cónsul de Haití en Santiago de Cuba, de nombre Luis Hibbert y vive de cerca el proceso de expulsión del país. Esto tendrá su reflejo en la solidaridad de la Revolución Cubana con el sufrido y heroico pueblo haitiano.

Como vemos, están representados los principales sectores y clases del país, pero a diferencia de lo que está pasando en el resto de la Isla, donde no podemos imaginarnos siquiera a los hijos de la familia Gómez-Mena o de los Fanjul ir a la escuela con un niño pobre, o tener como amiguito a un niño negro lustrador de zapatos, en Birán estos van a interactuar de manera armónica, lo que será muy importante, sociológicamente, en la formación de los hijos del matrimonio Castro Ruz.

Tanto Fidel, como el resto de sus hermanos, crecen en un ambiente donde es normal que su padre juegue dominó en las tardes con los campesinos, con sus propios obreros, y donde intercambiarán permanentemente sobre la situación nacional e internacional, como la Guerra Civil Española, por ejemplo. Donde los muchachos van a la misma escuela junto a los hijos de los campesinos, con los que juegan, van al río, comparten travesuras; o se pasan las tardes en los barracones de los haitianos o metidos en la valla de gallos donde se reúnen todos a presenciar las peleas.

Lo más importante es que tanto Fidel como Raúl y el resto de los hermanos crecen en un ambiente donde esto es natural, no forzado; por eso cuando Fidel llega a los colegios religiosos le llama la atención que apenas hay negros, que no están los hijos de los campesinos, y es un joven que comienza a cuestionarse la realidad de la Cuba que le ha tocado vivir. Cuando ya adolescente llega al aristocrático colegio de Belén en la capital, encuentra la misma situación, descubre el racismo y la aporofobia insertada en la política nacional como resultado de la deformación provocada por el capitalismo y el imperialismo.

“En Birán estaban representadas las mismas clases que caracterizaban a la sociedad cubana, pero se produce un resultado diferente a lo que ocurría en el resto del país”. Foto: Tomada de Granma

En 1945, Fidel ingresa en la Universidad de La Habana, una universidad muy reaccionaria, en la que se encuentra con el fenómeno del bonchismo y la presencia de los grupos gansteriles dominando la política universitaria. No es una universidad pensada para formar hombres con un pensamiento progresista, mucho menos de izquierda, revolucionarios o socialistas.

Aunque hubo intentos de democratizar su acceso, lo cierto es que había pocos negros, quienes según el censo de 1953 representaban más del 20 por ciento de la población. Hasta meses antes de la entrada de Fidel a la Colina era rector el doctor Rodolfo Méndez Peñate, quien, en septiembre de 1925, cuando era profesor de Legislación Obrera, protagonizó una provocación contra Julio Antonio Mella, que dio pie a su expulsión a los pocos días. Eso es para que se tenga una idea de cuál era el ambiente político al momento de llegar Fidel al Alma Mater.

Pero esta será una etapa de grandes transformaciones en la vida de Fidel. Si lo miramos desde una visión antropológica creo que es la etapa de mayores transformaciones en su vida, tanto físicas, intelectuales, sociales, como políticas. Al momento de egresar es un joven casado, con hijo, militancia política, definición ideológica, que ha viajado fuera del país en par de ocasiones, que ha interactuado con estudiantes de otros países, se enroló en una expedición militar y ha vivido múltiples experiencias políticas.

El 4 de septiembre de 1995, en un intercambio con los estudiantes en el Aula Magna, les dijo: “(…) porque aquí me hice revolucionario, porque aquí me hice martiano y porque aquí me hice socialista”; casi siempre cortamos la frase en la primera parte, pero creo que es importante hablar de las tres categorías, porque en la universidad Fidel bebió de las ideas más avanzadas de su tiempo, leyó a los clásicos del liberalismo, conoció de Adam Smith y de La riqueza de las naciones, reflexionó sobre esos temas, sobre la mano invisible que regula el mercado, pero también comprendió que la libre competencia genera un ganador, pero también varios perdedores como resultado de la concentración del capital. A ese joven le parecía inconcebible que el sistema capitalista entrara en crisis por producir más, las famosas crisis de superproducción, cuando esto debería precisamente solucionar los problemas de la pobreza. Le parecerá algo incoherente, contradictorio.

El ingreso a la Universidad de La Habana marca una etapa de grandes transformaciones en la vida de Fidel. Foto: Tomada de Fidel, soldado de las ideas

Es en las obras marxistas donde encuentra respuestas a muchas de las preguntas y cuestionamientos que se hacía de la realidad del país. A partir de su acercamiento a la Historia de Cuba, al pensamiento de Martí y a las ideas del comunismo comprende el porqué de la deformación estructural de la economía y la sociedad cubana, del subdesarrollo, la monoproducción y el neocolonialismo. Tendrá una visión más clara del momento histórico que le ha tocado vivir y del papel del imperialismo norteamericano en ello.

En la universidad tiene un mayor contacto con los estudios de la Historia Universal y de Cuba, sobre todo con la más reciente. Con 18 años, entra a la universidad con una relativa carencia en el conocimiento de la historia nacional, porque se formó en colegios religiosos con un claustro predominantemente español; así lo denunciará luego del triunfo de la Revolución, al evocar esta etapa.

También en la universidad Fidel conoce de la lucha contra el machadato, va a beber directamente de esa experiencia, tiene a varios profesores universitarios que en su etapa estudiantil militaron en el Directorio Estudiantil Universitario, en La Liga Antimperialista, el Ala Izquierda Estudiantil u otras organizaciones revolucionarias; que conocieron a Mella, a Pablo de la Torriente, a Gabriel Barceló o a Rubén Martínez Villena. Coincide en tiempo con Raúl Roa, que era profesor de Historia de las Doctrinas Sociales, conocerá del Presidio Modelo y de la actividad del Partido Comunista. Esto es muy importante, porque entra en contacto directo con la épica revolucionaria del pueblo cubano, en especial de la Generación del 30.

Otro elemento substancial es su acercamiento a la obra martiana, porque en esta etapa su generación va a “descubrir” a José Martí; y aquí hay que hacer un poquito de historia con respecto a los estudios y las obras del Apóstol. Después de que se publicasen varios textos en el primer cuarto de siglo, bajo la conducción de su albacea Gonzalo de Quesada y Aróstegui; en 1936 se comienza a publicar de manera gradual una edición de las Obras Completas de Martí, que tuvo finalmente 74 tomos y concluyó en 1949, bajo la dirección de Gonzalo de Quesada y Castillo; y en 1946 ve la luz una edición conmemorativa de las Obras Completas de Martí, en dos tomos, por el cincuentenario de su muerte.

“(…) la vanguardia de la Generación del Centenario va a quedar deslumbrada al leer de manera integral a Martí, porque descubren la esencia de su pensamiento político y social, y que, al mismo tiempo, daba una respuesta coherente a las problemáticas de la Cuba republicana”.

Lo mismo ocurre con las investigaciones, en la que se aprecia a partir de la década del 30 un auge de los estudios biográficos sobre el Héroe Nacional, dentro de los cuales destaca Martí, el apóstol, en 1933, de Jorge Mañach. En cuanto a su divulgación, hay que subrayar al mencionado Gonzalo de Quesada hijo, a varias editoriales y revistas, pero un mérito importantísimo lo tienen los humildes maestros de escuelas, que en todo el país llevaron la vida y el pensamiento de Martí a sus aulas.

Durante los años 40 se produce un auge en las publicaciones y estudios de la vida de Martí, no como el resultado de una voluntad institucional o gubernamental, sino por la conjugación de varios factores, como el desgaste de la política republicana, la consolidación de los paradigmas patrióticos cubanos, así como de una conciencia nacional.

Aquí es importante mencionar, por su vinculación con la universidad, que en 1941 el rectorado aprueba que se inicie un curso sobre estudios martianos, bajo la dirección de Gonzalo de Quesada y Miranda, y en julio de 1944 se creará la Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario Martiano, que tendrá vida hasta 1963. Ambos, tanto el curso, como la Asociación, serán importantes en la vida intelectual de la Casa de Altos Estudios, por la difusión de la vida y las ideas del Héroe Nacional.

Es en este ambiente político y académico que se desenvuelve la vida universitaria de ese joven Fidel Castro ¿y por qué decimos que ahí “descubrió” a Martí? Porque a excepción de las mencionadas escuelas y humildes maestros que tan meritoria labor hicieron a lo largo del país, en el discurso institucional y gubernamental ofrecían un Martí parcializado, y era empleado en los discursos electorales como ejemplo de buen ciudadano, de hombre cívico, que amaba la libertad, a los niños, un ejemplo de patriota; pero apenas se hacía mención a la radicalidad de su pensamiento en temas esenciales para la sociedad cubana como la soberanía, la discriminación racial, las libertades económicas y políticas, el colonialismo o el imperialismo, su visión sobre los Estados Unidos o sobre la integración de los pueblos de América Latina.

Por eso, la vanguardia de la Generación del Centenario va a quedar deslumbrada al leer de manera integral a Martí, porque descubren la esencia de su pensamiento político y social, y que, al mismo tiempo, daba una respuesta coherente a las problemáticas de la Cuba republicana. En el Apóstol estaba el paradigma que no se había seguido de cómo debía ser la República.

Fidel Castro estuvo en Colombia en abril de 1948 y allí vivió de primera mano la rebelión popular conocida como el Bogotazo tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Foto: Tomada del Portal del Ciudadano de La Habana

Cuando uno lee, por ejemplo, las biografías de los jóvenes que fueron al Moncada, se percata que casi sin excepción, leían a Martí, y sus familiares o amigos hacen referencia a la influencia de Martí en ellos. Ahí hay otro elemento importante en el ideario martiano y es su capacidad de unir más allá de militancias políticas, porque entre ellos había ortodoxos, auténticos o sin militancia partidista; de distintos ejercicios profesionales o niveles intelectuales. Por eso Fidel, durante el juicio, dice que es José Martí el autor intelectual de las acciones del 26 de julio de 1953.

En esta etapa de la universidad, Fidel vive dos experiencias que serán cardinales: su enrolamiento en la expedición de Cayo Confites en el verano de 1947, y el Bogotazo, en abril de 1948. ¿Por qué serán importantes? Porque él se vincula al Comité Prodemocracia Dominicana, interactúa con varios de sus nacionales y conocerá con mayor detalle la dictadura trujillista y el respaldo del imperialismo a la misma; eso es lo que lo lleva a participar en la expedición de Cayo Confites, que le brindará importantes lecciones desde el punto de vista conspirativo y militar, las cuales le serán útiles al momento de organizar el asalto al Moncada; en este contexto conoce a una de sus figuras más prominentes en el siglo XX, que es Juan Boch.

La presencia de Fidel Castro en Colombia, en abril de 1948, es muy coherente con el pensamiento antimperialista que se ha ido fraguando en ese joven de 21 años. Su papelería en este contexto llama la atención por la radicalidad de sus pronunciamientos, como, por ejemplo, en favor de la soberanía de Argentina sobre las Malvinas, de Panamá sobre el Canal o en contra del proyecto panamericanista del imperialismo.

Fidel viaja a Colombia precisamente para organizar un Congreso de Juventudes Latinoamericanas, porque al igual que hiciera Martí décadas atrás, se está oponiendo al proyecto imperial de crear un mecanismo continental que subordine la soberanía de los países a los Estados Unidos. Es conocido lo que ocurre en Colombia, y finalmente ese congreso no se llega a realizar, ni logra evitar la creación de la Organización de Estados Americanos, que ha venido a ser ese mecanismo político que temió el Apóstol.

“Fidel viaja a Colombia precisamente para organizar un Congreso de Juventudes Latinoamericanas, porque al igual que hiciera Martí décadas atrás, se está oponiendo al proyecto imperial de crear un mecanismo continental que subordine la soberanía de los países a los Estados Unidos”.

Si se quiere tener una idea del posicionamiento de ese joven Fidel Castro en el espectro político, téngase en cuenta que participa activamente en las denuncias por el asesinato del dirigente comunista Jesús Menéndez en enero de 1948, y del vicepresidente de la FEU, Justo Fuentes Clavel, en abril de 1949.

Pero lo que ocurre en marzo de 1949, cuando unos marines norteamericanos protagonizan un bochornoso acto contra la estatua de José Martí del Parque Central, es ilustrativo por diversas razones. En primer lugar, por la postura sin dobleces asumida por Fidel Castro, que a la vanguardia de un grupo de estudiantes universitarios integra una comisión de la FEU que exige al Gobierno de los Estados Unidos la entrega de los marines a las autoridades cubanas; y además porque será un hecho representativo de la impunidad con la que actuaban los norteamericanos en Cuba; y lo será también de la dependencia y genuflexión de los gobiernos republicanos.

En el caso de la experiencia de la lucha insurreccional contra la dictadura y el posicionamiento del Comandante en Jefe con respecto al imperialismo hay que mirarlo entre líneas, pues en esta etapa no se pronuncia abiertamente. Si bien el principal líder del Ejército Rebelde ya tiene una formación antimperialista, al igual que otros dirigentes como Raúl Castro o el Che, el proyecto que se está librando no lo es, ni podía serlo en esas condiciones; pues no podía ser un factor de desunión en tan estratégica circunstancia. Tanto la oposición a Batista, como el Ejército Rebelde, agrupó en sus filas a un amplio espectro político, unido en el objetivo común de derrocar la tiranía.

Durante la lucha guerrillera en la Sierra Maestra, Fidel entendió que era preciso aprobar ese espacio de unidad para rechazar todo tipo de intervención extranjera en Cuba. Foto: Tomada de Internet

Lo que ocurre en torno al Pacto de Miami, en noviembre de 1957, es un buen ejemplo para analizar su posición radical, sin ganar por ello para la Revolución enemigos a destiempo. En su carta de rechazo al Pacto evidencia sus preocupaciones porque se eludieron temas esenciales para el futuro inmediato de la nación. Para el Comandante en Jefe, que las fuerzas revolucionarias alcanzaran el poder no constituía un fin en sí mismo, pues no se trataba de un proyecto electoralista para el “reparto de posiciones”, sino el medio para lograr la consolidación de un proyecto emancipador.

Fidel entiende que no es la unidad en sí lo más importante, sino que desde las mismas bases de la concertación de la unidad era preciso rechazar “todo tipo de intervención extranjera en los asuntos de Cuba (…) porque ello iría en menoscabo de nuestra soberanía”, así como “pedir también que no se intervenga a favor de la dictadura enviándole aviones, bombas, tanques y armas modernas con las cuales se sostiene en el poder”. ¿A quién hace referencia el Comandante en Jefe? Aunque no es específico, evidentemente a los Estados Unidos, principal sostén del régimen.

Otro ejemplo elocuente es la carta que le escribe a Celia Sánchez —documento personal, no público— el 5 de junio de 1958, en medio de la guerra. Esta se escribe cuando se produce el bombardeo a la casa del campesino Mario Sariol, quien se presenta en el campamento rebelde y le muestra a Fidel los restos de las bombas que destruyeron su casa, en las que se puede leer las insignias de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. El Comandante en Jefe se indigna porque ha comprendido que los Estados Unidos están violando la suspensión de ventas de armas a la dictadura, decretada desde marzo por el Gobierno estadounidense.

“El imperialismo evidencia estar parcializado en contra de la Revolución, y tanto los proyectos emancipatorios de Martí, como de Fidel, por su razón de ser, son incompatibles con este e inevitablemente se ven enfrentados a él”.

Similares acontecimientos están ocurriendo en el II Frente Oriental donde Raúl, desde los primeros días de mayo, recibe documentos y fotos que demuestran que los aviones de la dictadura se están abasteciendo de combustible y armamentos en la Base Naval en Guantánamo, y entonces decide organizar la Operación antiaérea.

El imperialismo evidencia estar parcializado en contra de la Revolución, y tanto los proyectos emancipatorios de Martí, como de Fidel, por su razón de ser, son incompatibles con este e inevitablemente se ven enfrentados a él. Si el Apóstol, a finales del siglo XIX, entiende que cuanto había hecho y haría sería para impedir la extensión de los Estados Unidos por las tierras de América; el Comandante en Jefe comprende que su “destino verdadero” era la guerra “larga y grande” que emprendería contra el imperialismo una vez terminada la contienda. A ello lo llevaría irremediablemente la radicalización de la Revolución.

Por lo tanto, al producirse el derrocamiento de la tiranía, ese joven de 32 años, líder de la Revolución y del Ejército Rebelde, tiene una sólida formación antimperialista, como resultado de su experiencia política y de la influencia del ideario martiano y comunista. A pesar de que se había logrado la victoria en la lucha insurreccional, no se puede catalogar al Gobierno que acaba de asumir el poder, y en especial su primer Gabinete, como antimperialista, pues este tenía múltiples espectros políticos.

“En su formación antimperialista hay dos pilares fundamentales: en primer lugar, la influencia que ejerce el pensamiento de José Martí; y, en segundo, las ideas del comunismo”.

La Revolución vivirá su etapa de transición política hasta la declaración definitiva de su carácter socialista en abril de 1961. Sería el cumplimiento de un programa básico de justicia social, con el nombre de Programa del Moncada, y la reacción del imperialismo norteamericano a este, lo que propiciaría la radicalización del proyecto revolucionario cubano.

El pensamiento antimperialista del Comandante en Jefe no se forma como resultado de una voluntad preconcebida, sino como resultado de sus propias vivencias y de comprender el papel histórico del imperialismo contra Cuba.

En su formación antimperialista hay dos pilares fundamentales: en primer lugar, la influencia que ejerce el pensamiento de José Martí; y, en segundo, las ideas del comunismo.

Es en esto donde considero que radican dos de los aportes principales del Comandante en Jefe a la teoría marxista; en primer orden: la de relacionar de manera coherente y armónica el pensamiento martiano y marxista, y llevarlo a la práctica en las condiciones concretas de Cuba; y en segundo: el de percatarse de que en la particularidad de la Isla —país subdesarrollado, del Tercer Mundo, latinoamericano y perteneciente a lo que la mayor potencia imperialista considera su principal área de influencia— el enemigo principal del proyecto emancipatorio y del desarrollo socialista no estaba en la burguesía nacional, carente de autonomía estructural con respecto a los Estados Unidos, sino en el imperialismo norteamericano.

*Conferencia ofrecida el 22 de abril del 2026 en la Casa del Alba Cultural, en el Espacio de Pensamiento “Influencia de la Revolución Cubana en América Latina”. Panel: “El antimperialismo de la Revolución visto desde Fidel y el Che”.