Con razones más que sobradas, en nuestros estudios sobre José Martí se presenta como un pasaje habitual destacar la influencia que en su vida y obra tuvo su profesor, el poeta Rafael María de Mendive. Sin embargo, no es menos cierto y destacable que esta influencia se ha prodigado con tal regularidad histórica que, en ocasiones, para no ser absoluto, ha contribuido a obviar la que también tuvo la vida y obra de José María Heredia (Santiago de Cuba, 1803–Ciudad México,1839), nuestro primer Poeta Nacional.

De hecho, la condición de poeta de Mendive, sería una de las vías centrales por la que le llegarían al joven José Julián sus primeras lecturas sobre la obra poética y periodística de Heredia. Para la fecha en que el discípulo preferido de Mendive concibe sus dos primeros periódicos, El Diablo Cojuelo y La Patria Libre (19 y 23 de enero de 1869, respectivamente), la obra literaria de Heredia ya era reconocida en Hispanoamérica y Europa como una de las cimas de la literatura romántica en lengua española de la época. Mientras que para los patriotas cubanos de dentro y fuera de la Isla, así como para todo aquel con inquietudes literarias, su poesía de contenido revolucionario, en particular, la concebida en el quinquenio de 1820 a 1825, se erigía como fuente primera e inequívoca de motivaciones independentistas. Deudores y admiradores de este legado herediano, se reconocieron siempre los más notorios poetas e intelectuales cubanos del período colonial y la República.

Para los patriotas cubanos, la poesía de Heredia de contenido revolucionario se erigía como fuente primera e inequívoca de motivaciones independentistas. Foto: Tomada de Radio Reloj

En cuanto a José Martí, es de inferir que su iniciación en la lectura de Heredia corriera pareja de la adolescencia a la juventud a partir de su tránsito por el colegio San Pablo, de Mendive. No deja de ser significativo, que durante su destierro en España, al ingresar en la logia madrileña Caballeros Cruzados N. 62, adoptara el nombre simbólico de Anáhuac. [1] ¿Qué otro referente sobre esta región mexicana podía tener el joven Martí, que no fuera la lectura de las odas de Heredia relacionadas con la naturaleza y las culturas originarias de esta tierra hermana, donde había transcurrido la mayor parte de su activa y breve existencia? Dos buenos ejemplos: las odas Al Popocatépetl y En el teocalli de Cholula, concebidas ambas por Heredia a los diecisiete años de edad; la misma edad que tenía Martí cuando fue enjuiciado por un tribunal militar colonial. Cuatro años más tarde, tales referentes poéticos heredianos se le harían realidad al joven desterrado cubano durante su primer viaje por ferrocarril de Veracruz a Ciudad México, realizado entre el 8 y 10 de febrero de 1875. La grandeza y belleza del Anáhuac quedaría resumida para siempre en esta breve, pero intensa expresión poética martiana: “¡Ah, qué grandeza! Como que algo se cae dentro del pecho, y se arrodilla”. [2]

Pero la influencia de Heredia en Martí no se limitaría solamente a la poesía, sino también al periodismo. En esta línea sería ilustrativo el artículo de Heredia titulado Mensaje del presidente Adams a la Cámara de Representantes de Estados Unidos sobre el Congreso de Panamá, aparecido en el periódico crítico literario mexicano El Iris, el 29 de abril de 1826. El mismo lo concibió a partir del interés que para las naciones hispanoamericanas en general y la mexicana en particular había tenido el citado Congreso celebrado en Panamá, en 1823; lamentablemente, entraña de la aún vigente Doctrina Monroe.

“…la influencia de Heredia en Martí no se limitaría solamente a la poesía, sino también al periodismo”.

Lo que en un inicio parece ser un artículo meramente informativo, quiebra su carácter a favor del análisis del hecho político en cuestión, justo cuando el Mensaje… del presidente estadounidense aborda el tema de la “invasión” de Cuba y Puerto Rico por parte de “las fuerzas unidas de Colombia y México”, con el propósito de independizarlos de España. Sobre el particular, Heredia cita textualmente la siguiente reflexión de Adams: “Que las convulsiones a que las expondría esta invasión por su población heterogénea y el riesgo de que por ellas caigan en mano de otra potencia europea, diferente de España, no permite que miren con indiferencia las consecuencias del Congreso de Panamá. Que todos los esfuerzos de Estados Unidos deben reducirse a mantener el estado de cosas existente, la tranquilidad de las islas y la paz y seguridad de sus habitantes”. [3] A tales declaraciones de Adams, Heredia responde: “Esta parte del mensaje es, sin duda, la más interesante, porque es la más trascendente. En ella vemos repetida la opinión funesta de que Cuba no puede ser libre porque tiene esclavos, sin recordar que en Estados Unidos hay más de un millón de ellos, y que en Venezuela, en proporción, existían muchos más”. [4]

La respuesta de nuestro poeta periodista a las objeciones del presidente estadounidense sobre el discutido proyecto de invasión con fines independentistas es un verdadero antecedente de las más radicales posiciones que asumiría la política exterior cubana desde las guerras por la independencia nacional hasta el presente, a más de ser la primera en develar las futuras intenciones anexionistas de los Estados Unidos con respectos a las dos islas. A falta de la presencia de Cuba y Puerto Rico en el citado Congreso por su condición de colonias de España, Heredia asume en su artículo la palabra en nombre de ambas, demostrando la posibilidad cierta de ganar la libertad que las ubique definitivamente en el concierto de las nuevas naciones americanas. De ahí que una vez develadas las ocultas intenciones del gobierno estadounidense, Heredia se haga las siguientes preguntas: “¿Ignora Adams que ninguna potencia europea podrá apoderarse de Cuba sin que se envuelva en sangre y fuego la mitad del mundo civilizado? ¿No sabe que Cuba, una vez despertada del letargo colonial, pesa mucho en la balanza política para que agregándose a cualquier potencia no trastorne el equilibrio y turbe la armonía del mundo? ¿Y no sabe que Cuba en manos de España es el punto de apoyo en que han de afianzar los reyes de Europa su palanca liberticida? ¿Cómo se desatiende de un peligro inminente para huir de uno quimérico, o lejano cuando más?” Y concluye nuestro poeta periodista: “¡Hijo de John Adams, la causa de América estará comprometida, mientras Cuba no sea libre, a pesar de tu política temerosa!” [5] 

En su notable artículo sobre el presidente John Quincy Adams, Heredia devela las ocultas intenciones del gobierno estadounidense de apoderarse de Cuba.

A veintisiete años de escrito este artículo, nacería en La Habana, un 28 de enero, el hombre que le daría continuidad a esta línea del pensamiento político herediano. Un día antes de caer en combate en Dos Ríos, José Martí, urgido por el necesario equilibrio a derivarse de la independencia de Cuba, en carta a su amigo mexicano Manuel Mercado, del 18 de mayo de 1895, le confiesa: “…ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber ─puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo— de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”. ¡Cuánta razón tienen aquellos que dicen: “Quién es martiano, es herediano”! En este punto, cabe recordar a la poeta Fina García Marruz cuando nos alertó que la deuda de Martí “con Heredia, acaso igualable a la que tuvo con Mendive, es mayor de lo que parece, pues la afinidad fue también mayor”. [6] Cualquier duda al respecto, téngase presente las siguientes afinidades, por demás, esenciales a toda existencia humana: la poesía, el amor a la familia y a Cuba, y transcurrir la mayor parte de sus vidas distante de ambos amores.

Esta afinidad a la que hace referencia la Marruz tendría su definitiva confirmación en el discurso que pronunciara José Martí en Hardman Hall, Nueva York, un 30 de noviembre de 1889, con motivo de cumplirse medio siglo de la muerte de Heredia. En esta excelente pieza oratoria, Martí, a manera de resumen de lo que significó para Cuba y Latinoamérica la vida y obra de Heredia, expresó: “…para ser en todo símbolo de su patria, nos ligó en su carrera de la cuna al sepulcro, con los pueblos que la creación nos ha puesto de compañeros y de hermanos». [7] Sean, pues, estas palabras sobre nuestro primer Poeta Nacional, fundamento primero y último de tan alta condición.


Notas:

[1] Samuel Sánchez Gálvez: Martí ciñó el mandil, La Habana, Ediciones Bachiller, Biblioteca Nacional José Martí, 2007.

[2] José Martí: Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, t. 19, 1975, p. 22.

[3] El Iris. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigación Bibliográfica. Edición Facsimilar. Ciudad México, 1986, t. I, pp. 129-132.

[4] Ibid. p. 130.

[5] Ibidem.

[6] Fina García Marruz: “Martí y los críticos de Heredia del XIX”, en Temas martianos, Dpto. Colección Cubana, BNJM, La Habana, 1969, p. 333.

[7] José Martí: “Escritos de un Patriota”, en Colección Panamericana, Buenos Aires 1945, t. 10 p. 286.