Entre el hecho de vivir 96 años, hacer de los mostachos un sello distintivo de su rostro, ser durante muchos años el autor de la tan útil y popular sección de Gazapos, primero en el diario El Mundo y después en el semanario Bohemia, y ser además el autor del poema “La rumba” —por lo cual su amigo Pablo de la Torriente Brau lo llamaba jocosamente el poeta rumbero—, José Zacarías Tallet pasó de ser una personalidad de la cultura cubana a un personaje de la cultura nacional, lo que equivale a convertirse en una leyenda.

¡Como baila la rumba la negra Tomasa!
¡Como baila la rumba José Encarnación!

Ella mueve una pierna, ella mueve la otra,
él se estira, se encoge, dispara la grupa,
el vientre dispara, se agacha, camina,
sobre el uno y el otro talón.

¡Chaqui, chaqui, chaqui, charaqui!
¡Chaqui, chaqui, chaqui, charaqui!

Las ancas potentes de niña Tomasa
en torno de un eje invisible,
como un reguilete rotan con furor,
desafiando con rítmico, lúbrico disloque,
el salaz ataque de Ché Encarnación:
muñeco de cuerda que, rígido el cuerpo,
hacia atrás el busto, en arco hacia’lante
abdomen y piernas, brazos encogidos
a saltos iguales de la inquieta grupa
va en persecución.

Pero sucede que Tallet también fue fundador de la Liga Antimperialista en 1925, miembro del Grupo Minorista nucleado en torno a Rubén Martínez Villena, director, subdirector y profesor de la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling, recibió el Premio Nacional de Literatura en 1984 y el grado de Doctor Honoris Causa de la Universidad de La Habana. Y por si aún le parece poco, se le confirió la Orden Félix Varela, de Primer Grado. Digamos que casi nada para un currículum…

Del humor y la obra de Pepe Tallet se puede escribir mucho, entresacarse diversos ejemplos. En realidad, no se trató de un autor humorista sino de un escritor que en sus textos incorporó la humorada de manera suave, como un desprendimiento natural de su estilo, solo para que el lector esboce una sonrisa.

En uno de sus gazapos y gazapitos, tan leídos años atrás porque nos mantenían actualizados acerca del uso del lenguaje y rectificaban errores muchas veces generalizados, encontramos una advertencia didáctica que conserva íntegro su valor y deseamos compartir con el lector por tratarse de un homenaje a la sencillez en el hablar. Demos la palabra a Tallet:

La expresión que oyó un amigo: “Tengo que realizar una visita”, si no es un disparate, es un “picuísmo”, un lenguaje rebuscado, como lo sería asimismo: “Tengo que efectuar una visita”, o esta otra: “Tengo que llevar a cabo una visita”. Ni realizar, ni efectuar, ni llevar a cabo; lo elegante es lo más sencillo, o sea: “Tengo que hacer una visita”. Esto me recuerda a un “superferolítico” que, comiendo en mesa ajena, quiso mostrarse fisto y dijo a la dueña de la casa: “¿Me hace el favor de darme otro fragmento de carne?”

La obra de José Zacarías Tallet incluye los siguientes libros: La semilla estéril (1951), Vivo aún (1978), Poesía y prosa (1979), Curiosidades de la Historia (1983) y Evitemos gazapos y gazapitos, dos tomos (1985, y después reeditado).  También aparece antologado en varios textos de poesía cubana.

El criollísimo Pepe Tallet murió el 21 de diciembre de 1989. Puede afirmarse, y no es frase huera, que vive en la memoria de sus lectores.