Estados Unidos contra Nuestra América: entre doctrinas y corolarios
América Latina y el Caribe vuelven a estar en el centro de la mira del gobierno de Estados Unidos como máxima prioridad en su agenda de política exterior y seguridad nacional. Se respira un ambiente de extrema tensión regional al comenzar el año con la agresión militar estadounidense contra la República Bolivariana de Venezuela, en la que secuestraron a su presidente constitucional Nicolás Maduro Moros y su esposa Cilia Flores, y que cobró la vida de 100 hermanos venezolanos y 32 hermanos cubanos que cayeron heroicamente en combate cumpliendo con su deber internacionalista.
El presidente estadounidense Donald Trump dejó bien claro el verdadero interés de la acción bélica de apoderarse del petróleo venezolano, los demás argumentos expuestos previamente quedaron demostrados que fueron solo pretextos infundados. Incluso desplegó en su narrativa imperial el regreso de la Doctrina Monroe con el “Corolario Trump”. En ese contexto, incrementó las amenazas de agresión contra Colombia, México y Cuba.
Resulta vital para entender la posición del actual inquilino de la Casa Blanca y su equipo de extrema derecha, conocer las bases doctrinales en que se sustenta la actuación contra Nuestra América en pleno siglo XXI. Se debe tener en cuenta que desde la “Declaración de Independencia” y su posterior primer gobierno encabezado por George Washington (1789-1797), todos los presidentes estadounidenses, unos con mayor intensidad que otros, priorizaron la agenda de dominación hacia el sur de sus fronteras.
“Nuestra América, entre doctrinas y corolarios, ha tenido que resistir y batallar contra los embates imperiales durante más de dos siglos”.
Los llamados Padres Fundadores, varios de los cuales posteriormente asumieron como presidentes del país, fueron los primeros que proyectaron hacia América Latina y el Caribe la sed expansionista de la élite política que comenzaba a gobernar, bajo los pretextos de que necesitaban afianzar la seguridad de la nación y así alejarse de los “enemigos peligrosos”. Uno de los más connotados defensores del expansionismo fue Thomas Jefferson, el tercer presidente estadounidense (1801-1809). Entre sus postulados estuvieron las estrategias de “espera paciente” para apoderarse de Cuba, la posibilidad de apropiarse del istmo de Panamá y hasta todo el continente americano.
Bajo esa proyección surge la denominada Doctrina Monroe, formulada bajo la frase “América para los americanos”, que significaba en la práctica “América para los estadounidenses”. Redactada en 1823 por el secretario de Estado y futuro presidente John Quincy Adams, fue utilizada en aquel momento por la presidencia de James Monroe (1817-1825), como un contén de las fuerzas reaccionarias de Europa, que eran las únicas capaces de invadir las recientes repúblicas latinoamericanas que habían alcanzado la independencia.
Unos meses antes de la Doctrina Monroe, Quincy Adams había redactado la política de la “fruta madura”. En su enfoque comparaba a la isla de Cuba con una fruta que sería inevitablemente anexada a Estados Unidos, una vez desgajada por su madurez del tronco colonial español.

Inspirados por esas apetencias, desarrollaron la tesis del “Destino Manifiesto” promulgada durante la administración de James K. Polk (1845-1849). Justificaba el credo expansionista al auto otorgarse el derecho del destino manifiesto a poseer todo el continente que les fue conferido por la Providencia. Estimulados por esas concepciones ideológicas usurparon en 1848 más de la mitad del territorio de México.
Diseño e implantación de los “Corolarios”
Con la Doctrina Monroe como brújula de la política exterior hacia la región y el “Destino Manifiesto” como ideología, los diferentes gobiernos estadounidenses fueron ajustando su implementación a fin de sus intereses expansionistas y de dominación, a través de los denominados “Corolarios” a la Doctrina Monroe. Durante los dos siglos de aplicación, han trascendido públicamente 4 “Corolarios” a la Doctrina Monroe: “Corolario Hayes”, “Corolario Roosevelt”, “Corolario Kennan” y “Corolario Trump”.
El “Corolario Hayes” a la Doctrina Monroe, fue promulgado en 1880 por el presidente estadounidense Rutherford Hayes (1877-1881), en oposición a las primeras gestiones de una compañía francesa para construir el Canal de Panamá, desconociendo la soberanía del gobierno de Colombia sobre ese territorio. Proclamó que su país no podía consentir el dominio del canal por ningún Estado europeo o ninguna combinación de potencias europeas, ya que esa vía interoceánica era parte de la línea costera de Estados Unidos.
A inicios del siglo XX proyectan el “Corolario Roosevelt” a la Doctrina Monroe, proclamado en 1904 por el presidente Teodoro Roosevelt (1901-1909), a raíz del bloqueo naval y bombardeos que sufrió Venezuela entre 1902 y 1903 por parte de Gran Bretaña, Alemania e Italia, exigiendo el pago inmediato de deudas contraídas por el gobierno venezolano. Roosevelt dejó claro que los europeos podían reclamar el pago de la deuda, pero no podían establecer bases militares de forma parcial o permanente en el Caribe.
Con la Doctrina Monroe como brújula de la política exterior hacia la región y el “Destino Manifiesto” como ideología, los diferentes gobiernos estadounidenses fueron ajustando su implementación a fin de sus intereses expansionistas y de dominación, a través de los denominados “Corolarios” a la Doctrina Monroe.
El presidente venezolano Cipriano Castro entabló demanda contra las empresas financistas de la invasión y el bloqueo, así como expropió la estadounidense Orinoco Steamship Company. Estados Unidos amenazó con una intervención a Venezuela, envió tres acorazados y aprovechó que el mandatario venezolano fue a operarse a Europa, para organizar un golpe de Estado que concretó en 1908 el vicepresidente Juan Vicente Gómez, quien estableció una dictadura durante 27 años.
Luego de la Segunda Guerra Mundial, presentaron el “Corolario Kennan” a la Doctrina Monroe, establecido durante la administración de Harry S. Truman (1945-1953) y diseñado por el considerado cerebro del Departamento de Estado, George Kennan. En 1950 redactó el documento titulado “América Latina como un problema en la política exterior de los Estados Unidos”, que trascendió como el “Corolario”. El enfoque que predominó fue el de aplicar una línea de mano dura en América Latina, que estimulara las acciones anticomunistas de los gobiernos de la región.
Recientemente, el presidente Donald Trump (2017-2021, 2025- ) presentó el “Corolario Trump” a la doctrina Monroe en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de noviembre de 2025. Según el documento, “Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y proteger nuestro territorio nacional y nuestro acceso a geografías clave en toda la región. Negaremos a competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio. Este “Corolario Trump” de la Doctrina Monroe es una restauración sensata y contundente del poder y las prioridades estadounidenses, coherente con los intereses de seguridad de Estados Unidos”.
Impacto y consecuencias de los Corolarios
En correspondencia con los denominados Corolarios a la Doctrina Monroe, diferentes gobiernos estadounidenses establecieron políticas y estrategias, como el “Garrote” del presidente Teodoro Roosevelt, la “Diplomacia del Dólar” del presidente William Howard Taft (1909-1913), el “Buen Vecino” del presidente Franklin Delano Roosevelt (1933-1945), y las estrategias de seguridad nacional presentadas por los presidentes que asumieron después de la Segunda Guerra Mundial. En la historiografía se señala como una etapa positiva los 12 años de la política del “Buen Vecino”, porque aparentemente no hubo más intervenciones militares.
La verdadera estrategia del “Buen Vecino” consistió en reservarse el derecho al gobierno estadounidense a crear y fortalecer a dictadores que representaban a las oligarquías nacionales, promover golpes militares, armar y entrenar fuerzas armadas regionales y promover la dominación económica, mediante el libre comercio y préstamos bancarios.

Existen evidencias históricas que apuntan a que los diferentes gobiernos estadounidenses privilegiaron el empleo del instrumento militar en las relaciones con Latinoamérica y el Caribe a través de instalación de bases militares e intervenciones armadas. Por ejemplo, desde 1898 y hasta la actualidad han enviado sus tropas hacia 11 países de la región, provocando miles de pérdidas de vidas durante los años transcurridos: Cuba (1898-1902, 1906-1909, 1912, 1933, 1961 con tropas mercenarias); Granada (1983); Guatemala (1920); Haití (1914-1934, 1994, 2004); Honduras (1903, 1907, 1911, 1912, 1919, 1924-1925); México (1914-1918); Nicaragua (1898, 1899, 1907, 1910, 1912-1933); Panamá (1901-1904, 1908, 1912, 1918-1920, 1925, 1989); Puerto Rico (1898); República Dominicana (1903-1904, 1914, 1916-1924, 1965) y Venezuela (1908, 2026).
En julio del presente año Estados Unidos cumplirá 250 años de su “Declaración de Independencia”, en la que afirmaron “que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Sin embargo, la actuación de sus gobernantes dista mucho de aquellos preceptos que el mundo de entonces miró con admiración y que Trump con su “Corolario” retoma el “Garrote” para imponer por la fuerza militar los intereses de los grupos de poder estadounidenses de proyecciones neofascistas.
Nuestra América, entre doctrinas y corolarios, ha tenido que resistir y batallar contra los embates imperiales durante más de dos siglos. Nuestros pueblos están amenazados nuevamente, pero siguen esperanzados de poder preservar los sueños de sus Libertadores y sus Héroes para defender el derecho a “la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

