Humor político. Un decálogo urgente y necesario
La celebración en La Habana de una segunda Bienal de Humor Político que ha focalizado los retos descolonizadores de la creación humorística en calidad de herramienta de la comunicación política, me ha llevado a preguntarme cuáles serían las diez tareas más urgentes que se nos presentan. Buscar, a la antigua manera de Horacio Quiroga, una especie de decálogo que nos sirva, si no de una imposible guía, sí de orientación para adentrarnos en las ineludibles rutas actuales que alcancen la capacidad de confrontar las circunstancias de manipulación de los mensajes y consensos.
El primer punto de ese hipotético decálogo se centraría en comprender y confrontar con ingenio y capacidad de persuasión el escenario ultraconservador neofascista que se auto promueve sin tapujos como la única vía eficiente a la prosperidad socioeconómica. Sus promotores son en su mayoría empresarios que someten el ejercicio de la política a sus intereses personales y no pocos acceden a cargos gubernamentales que utilizan a su total albedrío.
Si bien hay evidencias por doquier de que este fenómeno ha adquirido dimensiones globales, las manifestaciones humorísticas no siempre son conscientes de la gravedad de sus esencias y se valen, para expresarse, de partes que simplifican el todo, o lo desvían hacia elementos secundarios, más banales e inmediatos en el canal de comunicación.
“…un llamado a lograr la visibilidad imprescindible en medio de un panorama de redes sociales que genera automáticamente nichos contraculturales de acción y manipulación de los consensos de opinión”.
El segundo punto se enfoca en un llamado a lograr la visibilidad imprescindible en medio de un panorama de redes sociales que genera automáticamente nichos contraculturales de acción y manipulación de los consensos de opinión.
Este proceso de manipulación paródica de estrategias propias de grupos y movimientos contraculturales —antes en contra del estatuto social burgués capitalista y hoy prestándole total anuencia—, no solo suplanta y tergiversa los tradicionales modos de confrontación emancipadora, sino que redirecciona ideológicamente las presuntas metas que el individuo debe proponerse para no renunciar a su soberanía. Conseguir likes, reacciones y popularidad como un objetivo que sobredimensione al sentido del mensaje. Así, parodiando a MacLuhan, el medio será el mensaje según su popularidad, según la superioridad de reacciones, del mismo modo en que el sistema de partidos políticos genera la ilusión de que el resultado electoral expresa la opinión popular.
El tercer punto nos llama, por tanto, a profundizar en el conocimiento sociopolítico, que si bien presenta patrones comunes a nivel global, se manifiesta en disímiles variables en contextos nacionales y regiones del planeta.
No es un reto sencillo, pues requiere de tiempo de investigación y lecturas interpretativas que contrarresten los constantes tsunamis que reconducen el espectro de la opinión pública global que se torna en dominante.

Así, el cuarto punto se deriva de este y nos conmina a evitar ser arrastrados por tendencias y tópicos virales que se ponen en órbita, tanto en el panorama global como en sectores locales de naciones y regiones. Estas, por lo general de efímera apariencia, surgen con propósitos de demagogia electoral y campañas espurias de descrédito a determinados individuos o formaciones políticas que puedan poner en peligro o contrarrestar el éxito de esas campañas.
Común y en crecimiento va esa práctica espuria de descrédito, como si fuese una derivación saturada de aquellos espectáculos de sátira política en la televisión por cable —The Daily Show, The Colbert Report, y Saturday Night Live—, que marcaron tendencia y convocaron a numerosas cadenas a reproducir variables que apoyen las campañas de quienes los financian.
El quinto punto de este urgente decálogo nos lleva a discernir entre lo que constituyen diferencias culturales del comportamiento y actos de barbarie que fundamentan sus acciones en esa diferenciación cultural.
Con demasiada frecuencia el humor político se satura con los prejuicios culturales y sesgos ideológicos, o religiosos, del humorista, o de la entidad que lo contrata y condiciona su obra, para terminar discriminando, despreciando, y no satirizando según su legítimo derecho a la libertad de expresión. La demonización del otro es también un recurso manipulador de las hegemonías comerciales y sus acólitos políticos.
El sexto punto es una meta que su antecesor sugiere, o exige: buscar una visión lo más desprejuiciada posible acerca de las manifestaciones culturales diversas, a veces diametralmente opuestas a las del propio humorista, pero vitales para las comunidades que las practican.
Esta complejidad no solo depende del conocimiento resultante de las investigaciones, sino también del sentido común del creador humorístico. Parece abstracto y difuso, y lo es en bastante medida, pero también se presenta como imprescindible para lograr la trascendencia de una obra que surge en medio de un contexto inmediato que reclama un modo urgente de interpretación.
El séptimo, al que los fanáticos del béisbol llaman “el ining de la suerte”, nos convoca a optimizar productivamente los canales de información para que la obra sea lo suficientemente sintética y expresiva, con la inmediatez que el humor político requiere.
Ser eficaz y convincente es como hallar la aguja en el pajar y por lo tanto un reto común a creadores que respeten su obra y procuren que esta aporte al espíritu descolonizador de sus receptores.
En el octavo punto del decálogo urgente tendríamos que reconocer las diferencias genéricas de la creación humorística, desde la sátira hasta la caricatura editorial, para hacer más eficiente su elección en ese panorama comunicativo saturado de mensajes y tópicos de inmediatez variable.
En este caso entramos también en un ámbito que combina las metas objetivas, desde expresar un sentido hasta ganar el sustento con la obra, con el talento personal de quien la crea, una vez que ha elegido el género y la modalidad del humor político con que prefiere expresarse. No creo que para ello existan fórmulas ni recetarios, mucho menos decálogos. Una dosis de audacia creativa y asumir el riesgo de la experimentación, pudieran alcanzar ese objetivo difícil que combine la necesaria visibilidad con la comprensión de los significados que se enuncian.
El noveno punto, también relacionado con su predecesor, nos llama a trascender los peligros reales de obsolescencia de una obra cuyos puntos de partida fundamentales se hallan en la inmediatez.
Huelga explicarlo y por lo pronto recurro a una frase común, o lexicalizada, que le sirvió al poeta Luis Rogelio Nogueras para titular uno de sus excelentes poemas: “La suerte está echada”.
“Es, por supuesto, una elección colocarse del lado de la descolonización cultural, y de la emancipación de los pueblos y sus individuos, frente a los conglomerados que someten al mundo al albedrío personal de la ambición de sus dueños”.
Como cierre de listado en este urgente decálogo, se me antoja algo que recorre todos y cada uno de los retos que lo han antecedido: no temer a los riesgos y enfrentar cada reto.
Es, por supuesto, una elección colocarse del lado de la descolonización cultural, y de la emancipación de los pueblos y sus individuos, frente a los conglomerados que someten al mundo al albedrío personal de la ambición de sus dueños. Las manifestaciones culturales que deifican su producto en nombre de un presunto gusto de las mayorías, son pocas veces cultura verdadera; más bien suplantan la cultura y la convierten en fetiche.
Embates recibirá quien opte por la primera opción, esa que esta Bienal ha puesto en su mismísimo centro, de ahí que cada día nos azoten embates y tormentas injustas, ilegales, criminales y, paradójicamente, prácticamente impunes ante buena parte de la opinión pública global, sobre todo aquellas mediadas por los compromisos con las corporaciones. Pagados, algunos bien y otros no tanto, serán aquellos acólitos de la segunda opción. Si la suerte está echada, cada elección se halla en nuestras propias manos aunque, para concluir apropiándome de una expresión memorable de Silvio Rodríguez, se nos llene de sillas la verdad.
*Intervención del autor en el panel “Retos actuales del humor como herramienta de la comunicación política”, jornada teórica de la II Bienal Internacional de Humor Político, La Habana. Sede de la Unión de Periodistas de Cuba, 10 de junio de 2026.

