Cada mayo, Holguín despierta con una energía distinta. Las Romerías de Mayo, esa criatura rebelde que nació en 1994 como un gesto de resistencia cultural, convierten la ciudad en un escenario sin paredes ni butacas. No hay boletos de entrada porque los conciertos ocurren en los portales, las plazas y las azoteas. El hacha simbólica que abre la fiesta no solo recuerda los orígenes aborígenes de la región: también parte en dos la rutina de una urbe que durante el resto del año se sabe tranquila. Esta celebración, heredera de las antiguas fiestas de la Cruz y abrazada por la Asociación Hermanos Saíz, reúne teatro callejero, artes plásticas, poesía improvisada y descargas de rock hasta la madrugada. En este dossier de La Jiribilla se muestran las principales acciones que acontecieron en la edición de este 2026 con un recorrido por las citas habituales del evento, sus personajes entrañables y esa vocación de mezcla que vuelve únicas a las Romerías, donde no importa si usted llega como espectador, porque lo más probable es que termine convertido en parte del espectáculo.