Corría el año 1947 y ella volvía a la patria cargada de honores, pero también de una antigua angustia. Ostentaba ya el rango de estrella máxima del Ballet Theatre de Nueva York, la compañía danzaria más prestigiosa de los Estados Unidos; y la crítica más exigente la había proclamado como “la mejor Giselle contemporánea”, pero su deseo mayor, desarrollar el arte del ballet en la tierra que la vio nacer, seguía siendo un sueño inconcluso. Le habían conferido altos honores como la Orden Carlos Manuel de Céspedes y el Título de Dama de la República; sin embargo, sus esfuerzos por lograr el surgimiento de una compañía profesional de ballet cubana, no encontraban eco en las esferas oficiales.

La muerte del cisne, 15 de septiembre de 1956.

En ese bochorno republicano, la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) le brindaría su oído receptivo por medio de una de sus más entusiastas dirigentes de la Dirección de Cultura, Ángela Grau, quien desde las páginas del periódico martiano Redención, que ella dirigía, le permitió expresar públicamente sus reclamos. “Es una vergüenza que en Cuba ningún gobierno se ocupe de proteger el arte del ballet. Los cubanos tenemos condiciones excepcionales para el baile, lo hemos probado (…). ¿Es que no les interesa a nuestros gobiernos y a los cubanos en general que nuestra Patria gane prestigio ante el mundo?”.

A partir de entonces, la gloriosa organización estudiantil se convirtió en el más fiel aliado de Alicia Alonso y sus colaboradores, especialmente después de la creación del hoy Ballet Nacional de Cuba (BNC), el 28 de octubre de 1948, cuyos espectáculos patrocinó en numerosas funciones populares, celebradas en el Stadium Universitario.

Alicia y el Alma Mater.

En 1950 la participación de la FEU fue decisiva para arrancar al gobierno de Carlos Prío Socarrás la mísera subvención económica, que aunque insuficiente, permitió mantener vivo al conjunto y crear la Academia de Ballet Alicia Alonso, encargada de formar la primera generación de bailarines profesionales cubanos y ser centro gestor del método pedagógico de la hoy mundialmente reconocida escuela cubana de ballet. Una colaboración estrecha en esos años sombríos incluyó hitos tan importantes como los Festivales de Arte Universitario, que permitieron el disfrute masivo de obras tan significativas como El lago de los cisnes (1954) y Giselle (1955).

“La gloriosa organización estudiantil se convirtió en el más fiel aliado de Alicia Alonso y sus colaboradores, especialmente después de la creación del hoy Ballet Nacional de Cuba, el 28 de octubre de 1948”.

Frente a la crisis provocada en 1956 por la supresión de la mencionada subvención, por no prestarse Alicia y el Ballet a la maniobra que intentaba convertirlos en agentes propagandísticos de la sangrienta tiranía batistiana, la FEU organizó el Homenaje Nacional de Desagravio, que tuvo como escenario el Stadium Universitario, el 15 de septiembre de ese año, donde la gran bailarina tomó la patriótica decisión de no bailar más en Cuba mientras se mantuviera el oprobioso régimen. Fue la noche en que el líder Fructuoso Rodríguez emergió del clandestinaje, poco antes de ser asesinado en Humboldt 7, para darle el total apoyo de la FEU. Esa noche Alicia, tras bailar La muerte del cisne, recibió como símbolo de total adhesión, el histórico ramo de rosas rojas, que ella, con gran visión de futuro, compartió con sus más jóvenes y prometedoras discípulas.

Función masiva en el Stadium Universitario.

Después del Triunfo de la Revolución, la organización estudiantil, Alicia y el Ballet Nacional de Cuba han conmemorado cada aniversario de aquel histórico acto con funciones especiales, en el Stadium Universitario, el Gran Teatro García Lorca, el Teatro Karl Marx, la antigua Plaza Cadenas y en encuentros fraternales en el Aula Magna de la Universidad de La Habana y la sede del BNC.

1986, 30 aniversario del Acto de Desagravio.

El 15 de septiembre del 2019, un mes antes de su partida física, Alicia recibió en su casa a una delegación de la FEU, encabezada por su entonces presidente José Ángel Fernández. Su físico y su mente sufrían ya los avatares de la enfermedad y el paso del tiempo, y parecía estar sumida en una profunda quietud; pero al oír la palabra FEU, su rostro se iluminó e inesperadamente desprendió una rosa del ramo, la pasó por sus mejillas y, finalmente, le dio un beso. Los que presenciamos tan emotivo momento, nunca podremos olvidarlo, por el alto simbolismo que entrañó.

1986, 30 aniversario del Acto de Desagravio.

Hoy, en el 65 aniversario de aquel histórico acto, el BNC y la FEU volverán a unirse, esta vez en la histórica Plaza Agramonte, para festejar los lazos que unen a ambas instituciones y que Alicia definiera como los de “un matrimonio feliz”. Para honrar su memoria y su inmortal legado, volverán a estar presentes, como un perpetuo símbolo, las rosas rojas de la FEU.

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