Operación Roble; 12 de septiembre de 1943. Hitler en una acción tipo comando rescató a Benito Mussolini, prácticamente sin combatir; la operación incluyó el empleo del engaño a sus captores. Hitler posteriormente obligó a Mussolini a luchar para sus intereses. Militarmente la acción fue un éxito; en la posteridad Hitler y Mussolini son recordados como criminales de forma mayoritaria por la conciencia mundial.

17 de enero de 1961. Los imperialistas belgas participaron en el asesinato del líder africano Patricio Lumumba. En acto salvaje destrozaron su cuerpo y lo disolvieron en ácido; sin embargo, sus ideas no murieron, hoy es reconocido como un referente de los pueblos africanos.

Empleando métodos fascistas similares, en la madrugada del 3 de enero pasado, tropas de asalto imperiales entraron en territorio venezolano —y a la vez en la vitrina del derecho internacional como lo hace un elefante en una cristalería—, y secuestraron al presidente constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro Moros. Hicieron un operativo militar, tipo comando, apareciendo como si solo se tratara de un gran éxito en cuanto al dominio del arte y la técnica de la guerra, con la apariencia de una acción de fuerzas especiales, cubriendo la forma de una supuesta invulnerabilidad ante las defensas antiaéreas, sin que se compruebe, por ahora, ninguna traición o apoyo interno que les facilitara el operativo; lo que en realidad de otra manera sería como una especie de golpe de Estado con autorización de intervención extranjera y falsa apariencia de operación militar.

Cuando creíamos que actos, tales como el asesinato del dirigente progresista africano Lumumba, a manos de tropas imperialistas belgas, eran cosas irrepetibles del pasado, lo volvieron a hacer; esta vez no privaron de la vida a la figura principal, secuestraron al dirigente.

No se trata de que el sistema político de Estados Unidos y sus sicarios se hayan convertido en grandes defensores de la vida humana, solo lo hicieron con la pretensión de desbaratar la imagen del líder, lincharlo mediáticamente, anular su influencia ideológica, desacreditar la ideología revolucionaria y progresista, presentarse como gendarmes, impunes, que no pueden ser desobedecidos ante los ojos atónitos del mundo.

El acto de desprecio a la vida  se verifica con el asesinato de 132 venezolanos y cubanos, personas que tenían tanto derecho a la vida como el presidente secuestrado, no obstante resultaron finados, de forma fría y calculada, ante los ojos de los auto designados amos y dueños del mundo, quienes presenciaron su obra dantesca como televidentes, como si se tratara de la simple observación del acto de privar de la vida a ejemplares de una especie no humana; en el acto aberrante pisotearon además la soberanía de Venezuela y Latinoamérica, que según su vieja política de “Gran garrote” poco importan.

La acción militar pretendió hacer una gran demostración de técnica y poder militar, una amenaza al resto del mundo, una acción para reducir las relaciones de América Latina con China y Rusia, un acto para tomar a bajos precios los recursos naturales de Venezuela, un paso más para completar el cerco a nuestra amada Cuba.

El nuevo führer se llenó de euforia, creyéndose que el mundo es un gran teatro y él su actor principal. Después del cobarde hecho se le observó rozagante, feliz, e inmediatamente ha comenzado a redoblar amenazas contra medio mundo; se siente con autoridad para regir destinos de México, Colombia, Groenlandia, Irán, Cuba y cuanto pedazo de tierra decida tomar independencia en su política y decisiones, por si fuera poco osó asaltar un barco ruso en alta mar.

El actual gobierno de Estados Unidos no solo actúa como un imperio, sino que emplea métodos fascistas aunque no se identifique con esa corriente ideológica, con ropaje de democracia y derechos humanos, emplea cada vez más prácticas fascistas muy poco o mal disimuladas.  

El gobierno de Estados Unidos ejecuta esta última acción después de haber servido como fuente de aseguramiento logístico, militar, financiero y propagandístico al gobierno de Israel; después de largos meses de bombardeos a la ciudad de Gaza, hasta casi lograr su demolición completa, y de haber sacrificado la vida de decenas de miles de civiles, la mayoría de ellos mujeres y niños: un acto de genocidio ejecutado de modo claro ante los ojos del mundo, documentado con amplitud, sin que el resto de la humanidad haya logrado detener definitivamente el genocidio, ni sancionar a los culpables.

“El último zarpazo imperialista, con empleo de alevosía y nocturnidad, no podrá borrar definitivamente de la memoria del pueblo venezolano, el sentido humanista, nacionalista, popular, democrático y antiimperialista de la Revolución bolivariana”.

Se supone que los pobres, los progresistas, los revolucionarios, los comunistas e incluso representantes de países capitalistas con sentido de la soberanía y la independencia de sus naciones deben morir de un infarto de miedo.

Pero cuidado, pretendidos dueños de la tierra, muy malas noticias aguardan a los seguidores y acólitos de los métodos fascistas e imperiales.  

Como parte del show pretendieron presentar al presidente Maduro como líder derrotado, sin embargo se le observó erguido, sereno, firme, educado, con una presencia digna ante sus captores. Encierran los cuerpos de un hombre y su esposa, pero sus conciencias siguen libres, saben que son inocentes y no tienen remordimientos por su vida y obra; pero esto es solo el comienzo de lo que debe ser la manifestación de sus errores de cálculo.

Desde este año 2026, cuando todavía vivimos en la prehistoria de la humanidad, a juzgar por las guerras y crímenes de los cuales somos testigos a diario, tranquila y seguramente podemos presagiar una derrota aplastante para sus métodos y prácticas vulgares, crueles, degradantes.

El secuestro de Maduro y su esposa servirá como una prueba más para esta y otras generaciones futuras, servirá como un peldaño más a la humanidad en su destino por escalar a una conciencia social de justicia universal.

El último zarpazo imperialista, con empleo de alevosía y nocturnidad, no podrá borrar definitivamente de la memoria del pueblo venezolano, el sentido humanista, nacionalista, popular, democrático y antiimperialista de la Revolución bolivariana.

Las ideas chavistas seguirán palpitando en el corazón y la mente de los humildes, los patriotas, los desposeídos, desempleados, marginados.

Las crudezas del capitalismo volverán con más fuerza y luego, como Ave Fénix, la Revolución resurgirá de sus cenizas nuevamente.

Aunque la falsa democracia burguesa, las intrigas — y quién puede asegurar que no aparezca también la mano de algún Judas—, logren separar del poder al movimiento político de Chávez, cosa que desde nuestros corazones deseamos no ocurra; si esta supuesta derrota llegara a tener lugar, más temprano que tarde su pueblo despertará para ser testigo del robo de sus riquezas naturales; el caso contra Maduro será recordado con odio, nuevamente la conciencia popular regresará para lograr la añorada independencia y soberanía del hermano pueblo.

Hombres como Bolívar, Chávez, Che y Fidel servirán de inspiración eterna a líderes populares; y nuevamente el imperialismo tendrá que consagrarse a su repugnante tarea de asesinar, calumniar, engañar, secuestrar a nuevos líderes revolucionarios y populares como Maduro, que tomarán sus banderas y continuarán la lucha por la justicia y el progreso de los pueblos.

Recordando a Fidel pudiéramos vaticinar que las bombas y misiles que lanzó el imperio pudieron privar de la vida a más de cien personas, pero no podrán matar la justa rebeldía de los pueblos; y otra vez resurgirán los movimientos populares y revolucionarios.

“Las ideas chavistas seguirán palpitando en el corazón y la mente de los humildes, los patriotas, los desposeídos, desempleados, marginados”.

¿Qué espera al imperio en este escenario? Continuar inventando pretextos y mentiras para justificar guerras, golpes de estados, procesos penales viciados tipo “lawfar”, linchamientos mediáticos, guerras de cuarta, quinta y quién sabe cuántas generaciones más; hasta que un día sus métodos fascistas estén tan gastados ante los ojos del mundo que ya no exista un ápice de prestigio y moral a su política y sistema. Tanto así, que ya no quedará una mente colonizada de la cual recibir apoyo; sus métodos y prácticas serán recordados con vergüenza. Y la humanidad, junto al propio pueblo de Estados Unidos, rechazará para siempre las prácticas imperiales y asesinas que todavía pululan en el mundo.

Cuando ese estado de cosas no ha podido ser conseguido, mientras ese momento aun no llega con la fuerza que necesita el mundo, aquellos que tenemos la posibilidad de no ser dominados y colonizados por una ideología aborrecible que atrasa el progreso, tenemos el deber de denunciar, combatir ideológicamente y estar preparados para combatir también con medios materiales si fuese preciso.

Defender los intereses de los pueblos y dificultar en la mayor medida posible los intentos de convertir a la humanidad en vasalla de un sistema imperial, ciudadanos de segunda, sin derecho a la vida, sin derecho a decidir el destino de sus pueblos, sin derecho a vivir dignamente.

Los intelectuales, estudiantes, obreros, campesinos, los religiosos, las madres, todo hombre y mujer decente en el mundo que respete a sus semejantes deben sumarse, rechazar y señalar estas prácticas de cromañones que pretenden dividir a los hombres en categorías de amos y plebeyos, como si del regreso al feudalismo se tratara.

Levantemos nuestra voz en alto contra esta forma de relacionarnos entre naciones y hombres —como si no fuéramos todos de la misma especie—, que ha dado en llamarse humana.

Movilicemos la conciencia del mundo antes de que otro zarpazo asesino acabe con la vida y la dignidad de otros miembros de la gran familia humana.

Luchemos juntos por lograr la liberación de Maduro y su esposa Cilia.  

Hoy nuevamente es nuestro deber recordar el Reportaje al pie de la horca de Julius Fucík… hombres, estad alertas… Humanidad, estad alerta.