Obligatoriamente, ciertas tendencias aristocráticas y excluyentes que en otro momento subestimaron el aporte del pensamiento latinoamericano han reconocido, con el decurso, su carácter transformador desde ciertas figuras sensiblemente visibles.

La síntesis en Martí constituye una de las expresiones mejor definidas en el perfil ideológico del continente durante más de un siglo.

En estos tiempos de enfrentamiento y deterioro de múltiples expresiones culturales, persisten formas identitarias que favorecen la actitud de resistencia a pesar de las múltiples estrategias impuestas, de dominación o anulación del constructo político-ideológico en la región, que evitan la destrucción total de los diferentes sistemas de organización de la sociedad, en cuyas bases se afianza la voluntad de siglos.

No es menos cierto que aunque no se logre en todos los casos de gobernabilidad en la región, el establecimiento de recursos para extender y consolidar el bienestar popular, la emergencia de los componentes de la memoria histórica y su polifonía cultural, refuerzan calladamente los intereses inalienables de los pueblos, ante algunas decisiones alejadas de las esencias nutricias del alma de la América nuestra.

Resulta indiscutible, que el predominio informativo amplía el campo entrópico, pero no consigue anular relaciones de intercambio, en las que se reconoce el testimonio regional, a partir de la sincera comunicación de elementos constitutivos tendentes a significar las mayores exigencias de integración; y eso, a pesar de  algunas expresiones dicotómicas, prevalece desde la fuerza de no pocos pueblos del continente, que manifiestan las diversas formas contenidas en la memoria, en medio de los avatares que superpone la industria cultural, más allá de los presupuestos estéticos, a los que se incorporan formas destructivas y enajenantes.

“La identificación permanente de nuestros valores y el protagonismo del imaginario de cada pueblo seguirán definiéndose con firmeza, ante todas las actitudes de violencia y supremacismo”.

En medio de un proceso crítico de cierta ingobernabilidad y desafueros políticos, en cuyo epicentro las instituciones de supuesta autoridad mundial se pronuncian con timidez, o sencillamente callan, sólo, como sentenció José Martí y sostuvo frecuentemente Fidel Castro y articuló Armando Hart en una atrevida estrategia de promoción institucional, la cultura es el principal agente de referencia y protección de lo más genuino de nuestros pueblos.

A 135 años de la primera publicación del ensayo “Nuestra América” y 65 años de “Palabras a los intelectuales”, su contextualizacion resulta imprescindible, por lo de programático a escala continental del primero, y estratégico a nivel nacional del segundo, porque no pocas veces existen ciertos descuidos ante la indispensable comprensión del sentido práctico de ambos, aunque existan suficientes organizaciones, organismos e instituciones responsabilizadas con empeños y reclamos.

La identificación permanente de nuestros valores y el protagonismo del imaginario de cada pueblo seguirán definiéndose con firmeza, ante todas las actitudes de violencia y supremacismo. Es la más efectiva de todas las formas de resistencia ante la nueva era imperialista.