Hoy tuve la oportunidad de entablar un duro combate político en torno a la agresión militar de Estados Unidos contra Venezuela y la beligerancia de la Administración Trump. Tuvo lugar en el programa De noche, de Al Mayadeen, espacio en vivo que cierra la jornada con temas de interés para el mundo árabe. Con la conducción de Wafa Sarai comparecimos: desde Washington, el Dr. James S. Robbins, decano del Instituto de Política Internacional de la Universidad de Defensa Nacional e investigador principal en Asuntos de Seguridad Nacional del Consejo de Política Exterior de Estados Unidos; desde París, Tarek Wehbe, un politólogo árabe que reside en Francia; y desde La Habana, yo.

El Dr. Robbins es columnista de USA Today y aparece regularmente en los programas de Fox News, la Voz de las Américas y la BBC; ha impartido clases en la Universidad del Cuerpo de Marines, fue asistente especial en la Oficina del Secretario de Defensa en la Administración de George W. Bush y en 2007 fue galardonado por el Pentágono con el Premio al Servicio Civil Meritorio. Pensé que me las vería con un académico, y no, Tarek Wehbe y yo debimos enfrentar un discurso político legitimador de las proyecciones fascistas de Trump. Hacerlo el día en que fueron publicadas las fotos de nuestros 32 hermanos caídos en el cumplimiento de su deber internacionalista, tuvo un significado especial. Su guion no resistió el peso de los argumentos ni la determinación que emana de nuestras convicciones y de la indignación ante el actuar impune de un criminal que recurrió al terrorismo de Estado para imponer sus designios. El rostro arrogante que mostró en un inicio el Dr. Robbins pronto se trocó en sonrisa nerviosa hasta terminar con un semblante trastornado. No están acostumbrados a que los encaren, nos creen inferiores y predestinados a someternos.

Lo ocurrido en la madrugada del 3 de enero fue una agresión militar sin previa declaración de guerra ―y a espaldas del Congreso de Estados Unidos, el único que puede autorizarlo―, no una operación policial; el secuestro del presidente constitucional de Venezuela constituye un acto violatorio del Derecho Internacional y convierte a Nicolás Maduro en prisionero de guerra. Todo ello es resultado de las ansias de dominación del régimen neofascista instaurado en Washington. Las amenazas a Colombia, México, Cuba y Groenlandia forman parte de una escalada que puede derivar en un conflicto global. Lejos de ayudar a que la humanidad ganara rápida conciencia de los peligros que se cernían sobre ella, no pocos exponentes de la comunidad académica internacional ―y hasta de la nuestra― teorizaron con una mirada que presentó a Trump como un individuo excéntrico y no como lo que verdaderamente es: un fascista.

“Lo ocurrido en la madrugada del 3 de enero fue una agresión militar sin previa declaración de guerra (…), no una operación policial…”

No es cierto que Trump está aplicando la Doctrina Monroe, cuyos presupuestos se establecieron en base a que Estados Unidos respetaría los intereses europeos en el hemisferio occidental, pero no admitiría nuevas aventuras coloniales a este lado del Atlántico; a su vez, no se involucraría en los asuntos de Europa ni de las potencias de Europa. Estos preceptos fueron abandonados en 1918 cuando la Administración Wilson se involucró en la Primera Guerra Mundial y envió tropas a la Siberia para combatir junto a Gran Bretaña y Francia contra el Ejército Rojo. Y tras la Segunda Guerra Mundial, su injerencia se extendió a todo el Viejo Continente.

Trump en realidad ha resignificado la Doctrina Monroe para establecer la Doctrina Trump: ya no formamos parte del “patio trasero” de Estados Unidos, somos su “posesión” y cualquier sitio del mundo de su interés entrará en sus predios. Impondrán la paz mediante la fuerza, que en ellos significa que impondrán su voluntad a como dé lugar y arrasarán todo lo que se oponga.

Dos recientes declaraciones lo dejan “establecido”: “This is our Hemisphere” (“Este es nuestro hemisferio”), publicó este lunes el Departamento de Estado en una foto de Trump con cara de matón; mientras en una entrevista a CNN su jefe adjunto de Gabinete, Stephen Miller, fue más lejos: “Somos una superpotencia. Y con el presidente Trump, nos comportaremos como tal. Vivimos en un mundo donde se puede hablar todo lo que se quiera sobre sutilezas internacionales y todo lo demás, pero vivimos en un mundo, en el mundo real… que se rige por la fuerza, que se rige por el poder. Estas son las leyes de hierro del mundo. Estados Unidos es la potencia de la OTAN. Para que Estados Unidos asegure la región ártica, proteja y defienda los intereses de la OTAN, obviamente, Groenlandia debería formar parte de Estados Unidos”.

“Trump en realidad ha resignificado la Doctrina Monroe para establecer la Doctrina Trump”.

Hace menos de un mes alerté en Caracas que, dado el curso de los acontecimientos, resultaba inevitable un ataque artero quirúrgico por parte de Estados Unidos. Lo escribí a mi regreso a La Habana en este modesto muro de Facebook. Pese a todas las señales, nuestros hermanos venezolanos fueron sorprendidos. En esa nota precisé que cualquier gesto conciliador estos monstruos que gobiernan hoy Estados Unidos lo asumen como un acto de debilidad. Que no quepa duda: el Gobierno bolivariano y el pueblo venezolanos están ante una disyuntiva: rendirse a los pies de Trump o resistir la embestida y plantar caras a un adversario envalentonado que siente desprecio por ellos y no se atiene a reglas ni ordenanzas internacionales. Esa es la cuestión.

En cuanto a nosotros, le dije al Dr. Robbins que ningún país de América Latina tenía la tradición y experiencia combativas de Cuba. Los vencimos en Girón, los encaramos durante la Crisis de Octubre, les ganamos la guerra en África y ello trajo consigo la independencia de Zimbabue, Angola y Namibia, y el fin del régimen del Apartheid en Sudáfrica; hemos afrontado el terrorismo de Estado que comenzó desde el propio 1959 y resistido el acoso implacable político, económico y financiero por más de seis décadas… Y aquí estamos. Las revolucionarias y los revolucionarios cubanos amamos la paz, y por la paz y la defensa de nuestra independencia estamos dispuestos a entregar la vida. Tenemos la justicia como “sol del mundo moral” y desde bien niños aprendemos de nuestro himno que “morir por la patria es vivir”.

*Tomado del perfil de Facebook del autor