Acaba de morir un niño. Yace vertical bajo la sed de metales puntiagudos. Dios no pudo hacer nada. Había bombas en el cielo. Bombas en la tierra. Bombas en el agua turbia de la costa… Columnas de humo nublan con miedo todos los puntos del paisaje. Ojos sin refugio. Sangre trasladando camillas. Cadáveres envolviendo sábanas. ¿Alguien me escucha? Gritos blancos. Gritos negros. Madres que ahora se han quedado huérfanas de hijos ¡Silencio! La voz del tiempo convoca a la oración. Pero el niño no deja de mirarme.

Acaba de morir un niño. La prensa dice que es palestino. Dice después que nadie lo conoce. Dice más tarde que tiene siete años. Dios no pudo hacer nada. A esa hora la intemperie cargaba sobre su espalda fragmentos de escuelas, mezquitas y hospitales… Arde la Franja. Veo cenizas sosteniendo ataúdes. Veo la boca abierta de los techos. ¿Alguien me escucha? Ruinas. Escombros. Bultos de hambre. Hasta los olivos se han quedado sin memoria ¡Silencio! La voz del tiempo convoca a la oración. Pero el niño no deja de mirarme.

Acaba de morir un niño. Su escaso llanto perfora la distancia. Maldiciones. Rezos en fuga. Falsas treguas acribillando el amor. Dios no pudo hacer nada. Sombras con tijeras eran las dueñas del espacio… Ciudades, aldeas, campamentos y túneles acumulan el espanto de remotas tinieblas. ¿Alguien me escucha? Brazos mudos, ciegos, sordos. Brazos sordos, mudos, ciegos. Basta ya de truenos. Vengan cantos, vengan parques, vengan azules los pájaros del sol. ¡Silencio! La voz del tiempo convoca a la oración. Pero el niño no deja de mirarme.

La Habana, Cuba, 21 de noviembre de 2023.

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