Se plantó el árbol,
pensando en lo suficiente de su sombra.
¿Poco se previó, la semilla

                                           sus guiños de luz?

¿Su semejanza con la rabia que espera
otro aliento
otras verdades del paisaje?

Se plantó una razón.
Y ahora, se la da vueltas
lentamente.
Se aplaude

                    y el eco

                                  mal acompaña.

Ronda como pasos de presa
entre su huella y el otro olfato.

Plantar, fue la confianza.
Las manos,
fueron pensar en lo posible a venir.
Se esperó lo verde
la delicia tendida
no la trampa.

Y al crecer el árbol, se descubrió
el poquísimo respeto por la furia.
Plantar, no es la memoria.
La memoria
es una rama creciendo

                                            más allá
de sus roturas.